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cales y consonantes– se corresponde al conjunto cerrado
de fonemas de cuyas combinaciones surgen las sílabas, las
palabras, las frases, las oraciones, etc. Cada una de tales
unidades lingüísticas, los fonemas, están compuestos a su
vez, por la combinación de un determinado número de
articulaciones específicas del aparato fonatorio llamadas
rasgos distintivos. Tanto los fonemas como los rasgos dis-
tintivos pertenecen a sendos conjuntos cerrados de ele-
mentos rigurosamente sometidos a reglas de selección y
combinación. Por esta razón los lingüistas discuten cuá-
les son los elementos diferenciales últimos de la estruc-
tura del lenguaje, si deben ubicarse a nivel del fonema o
del rasgo distintivo. Lacan tomó el partido de reconocer-
lo en el orden de los fonemas o de las letras. La “instan-
cia de la letra en el inconsciente” remite al efecto de “es-
critura” de fonemas que el discurso cotidiano deja en el
hablante, aunque éste pertenezca a una cultura que no
haya accedido a la escritura alfabética o sea analfabeto.
Las adquisiciones lingüísticas que componen la estruc-
tura fonológica excluyen la consistencia imaginaria que
los efectos de significado van atesorando en el campo del
saber. Razón ésta de la disyunción entre saber y verdad.
Si bien es cierto que Lacan en el pasaje que extraje de
la “Instancia de la letra…” no menciona directamente a
Jakobson, es a él a quien consideró como el exponente
mayor de los descubrimientos de la lingüística moderna
de la que se sirvió para reformular el inconsciente freu-
diano. Es el mismo Jakobson, veinte años después de ha-
ber planteado su teoría acerca de la universalidad de la
estructura fonológica en las lenguas conocidas, presentó
un trabajo cuyo título es “Lingüística y Poética” donde in-
trodujo lo que llamó “la función poética del lenguaje” 4 .
Esta fue mencionada y honrada por Lacan subrayando
su pertinencia con los temas que aborda el psicoanálisis.
Jakobson sostiene que una frase tiene valor poético cuan-
do la dominancia del mensaje se concentra en la “resonan-
cia” de los elementos significantes por encima de su facultad
de transmitir significados. Señala Jakobson a su vez que la
función poética no se restringe a la poesía. Ésta es solo un
caso, aunque de gran relevancia. El psicoanálisis advirtió
que todo mensaje del inconsciente está organizado acor-
de a la lógica de la función poética. En “Psicopatología de
la vida cotidiana” Freud clasificó y analizó una amplia lis-
ta de fenómenos cotidianos espontáneos forjados con igua-
les mecanismos significantes que los síntomas neuróticos.
Estas formaciones del inconsciente, que no necesariamen-
te pueden calificarse como poesías, llevan sin embargo la
marca de su pertenencia al campo de la función poética.
Habitualmente se supone que el contenido del mensaje no
está en las palabras sino en lo que se supone que significan.
Es decir que se podría acceder a dicho contenido por medio
de una interpretación comprensiva. Pero el poeta invierte
esa relación: el contenido de saber de una frase es el me-
dio del que puede servirse para hacer llegar a destino otro
“contenido”: un corpus de sonidos que agujerea el saber.
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1. Jacques Lacan. L’insu que sait de l’une-bévues’aile à mourre: Se-
minario XXIV (1976-1977) —Inédito— Traducción de Susana
Sherar y Ricardo Rodríguez Ponte para la Escuela Freudiana de
Buenos Aires. Clase 13 (17 de mayo de 1977)
2. Jacques Lacan. L’insu que sait de l’une-bévues’aile à mourre: Se-
minario XXIV (1976-1977) —Inédito— Traducción de Susana
Sherar y Ricardo Rodríguez Ponte para la Escuela Freudiana de
Buenos Aires. Clase 13 (17 de mayo de 1977)
3. Jacques Lacan. La instancia de la letra en el inconsciente o la razón
desde Freud. En: Escritos 1. Buenos Aires: Siglo XXI, 1985. pág. 473
4. Roman Jakobson. Ponencia “Linguistics and Poetics”, en el congre-
so de la Universidad de Indiana, (Bloomington, 1958).
54 | Imago Agenda | N° 204 | Verano 2018
VIVIR EN LA POSMODERNIDAD
por Mónica Cruppi [dra.monicacruppi@gmail.com]
Madres por Streaming
V
ivimos en una época en la
cual las madres encuentran
difícil confiarles sus hijos a
niñeras y cuidadoras. Además, en
líneas generales, se les dificulta el
proceso de volver a trabajar luego
del período de la licencia pospar-
to por el desprendimiento y sepa-
ración con su bebé.
Sucede que muchos padres es-
tán temerosos. Sienten miedo –y a
veces culpa– de tener que ir a tra-
bajar y dejar a su hijo en manos de
extraños, por más recomendacio-
nes que los mismos tengan y de-
ciden utilizar streaming.
Recuerdo que cuando no exis-
tían las webcams o facetime, algu-
nas madres me contaban durante
sus sesiones que dejaban un gra-
bador encendido en la casa mien-
tras no estaban para chequear la
conducta de la persona encarga-
da de sus hijos.
Hoy, gracias al avance tecno-
lógico, el streaming, entendido
como la transmisión de imáge-
nes y videos en tiempo real, per-
mite estar en contacto perma-
nentemente y “en vivo” con cual-
quier persona y en cualquier par-
te del mundo.
La tecnología ha facilitado a
los padres la posibilidad de estar
presentes aunque algunos abusan
y se convierten en omnipresen-
tes, que no es bueno para ningu-
na relación. El riesgo para la ma-
dre, dependiendo de la estructura
de personalidad que tenga, pue-
de relacionarse con un aumento
de angustia, obsesiones, conduc-
tas de sobreprotección y paranoia.
Además, estas reacciones pueden
interferir en su trabajo y, de un
modo inconsciente, puede trans-
ferirle estas emociones a su hijo.
Este tipo de comportamiento
hace que el pequeño viva en un
clima emocional de desconfian-
za, miedo, tensión y, a menudo,
sobreprotección, poco saludable
para su desarrollo en tanto pue-
de detenerlo o inhibirlo. El con-
trol permanente y constante ha-
bla más de una conducta guiada
por el miedo más que por el amor.
La presencia continua por par-
te de los padres puede interfe-
rir –dependiendo de la edad del
pequeño/a– en la creación de la
capacidad de espera, un espa-
cio necesario para la progresi-
va adaptación al mundo externo.
Esta capacidad de adaptación se
inicia durante la lactancia con la
estabilización de los ritmos vita-
les, con la presencia y ausencia de
sus padres, en especial de la figu-
ra materna por el establecimiento
de la frecuencia de lactancia y de
períodos de vigilia y sueño. Ade-
más, se relaciona con la toleran-
cia a la frustración y con la géne-
sis de la intimidad, algo que las
cámaras y la transmisión en vivo
no pueden reemplazar.
La tecnología no es mala en sí
misma sino que, dependiendo de
cómo se use, puede resultar una
herramienta útil y un buen re-
curso para estar en contacto con
el niño. En manos de personali-
dades temerosas, desconfiadas
o culposas, puede convertirse en
una obsesión.
A modo de viñeta clínica, hace
poco me consultó una madre
treintañera sobre su hijo de 3 años
que no hablaba, no jugaba con
otros niños y que lo notaba muy
replegado. Indagando un poco so-
bre la relación, surgió, entre otras
cosas, el control permanente y ob-
sesivo que ejercían ambos padres
sobre el niño vía streaming.
Sabemos que en los primeros
años de vida se establece una re-
lación donde el niño necesita que
su madre le ayude a decodificar su
mudo interno y aquello que lo ro-
dea. Es el comienzo de una rela-
ción intersubjetiva donde se com-
parten estados afectivos. ¿Cómo
impactará el streaming en la fun-
ción materna dado que esta tecno-
logía deja afuera el mundo afecti-
vo y sensorial?
Habitamos un mundo tecnoló-
gico que imprime su sello en to-
das las relaciones en las cuales se
posa. El potencial tecnológico es
tal, que bien puede liberarnos o
bien esclavizarnos.