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Colaboración
El acto analítico y su razón poética (Primera parte)
Escribe
Norberto Rabinovich
norbertorabinovich024@gmail.com
“Sea lo que fuere, incluso lo que es de esta prác-
tica, es también poesía, hablo de la práctica que
se llama el análisis”.
J.Lacan. Seminario“Momento de concluir”.
Clase 20/12/1977
U
na singularidad de la práctica analítica, a diferencia las
psicoterapias que apuntan a ampliar, rectificar o modifi-
car la conciencia del sujeto, reside en que un psicoanalis-
ta busca confrontar al sujeto con lo que insiste del inconsciente.
Para lograr tal propósito debe renunciar a nutrir el diálogo ana-
lítico dentro del circuito del discurso común, es decir usar su lu-
gar de intérprete para ampliar o corregir los conocimientos de
sus pacientes. Interpretar el inconsciente es algo muy diferente
de hacerlo saber. Es hacer que la palabra consuene en esa espe-
cie de caja de resonancia que es la estructura del inconsciente.
Habilidad ésta que podríamos aprender más de los poetas que
de los filósofos o grandes pensadores. Sin embargo, gran parte
de la tradición analítica se inclinó por apostar a los efectos es-
clarecedores de eruditas explicaciones o interpretaciones com-
prensivas. O sea, con el mismo recurso que las terapias cogniti-
vas de todo tipo, cuyos efectos “curativos” afirman su poder en
el poder de fascinación que presta la transferencia.
La premisa mayor de la práctica analítica reside en renunciar
al vigor sugestivo de la palabra autorizada y emplear una téc-
nica interpretativa tal que haga destellar la dimensión poética
del lenguaje más allá del saber. Luego, el saber se reorganiza de
otro modo, y de otro y de otro a lo largo del análisis. Esas con-
figuraciones imaginarias no definen la partida; la consecuencia
esperable de las sucesivas experiencias del inconsciente redunda
en un cambio de posición subjetiva por la cual –parafraseando
la metáfora freudiana de la segunda tópica– el yo habrá de per-
der la seguridad de mantenerse al servicio del superyó, y con-
vertirse en servidor de la insistencia del inconsciente que habi-
ta en el núcleo insabible de su ser. Ahora bien, si el psicoanálisis
cura apoyado en las propiedades poéticas de la palabra es por-
que la estructura del inconsciente está estructurada a nivel de
la función poética del lenguaje.
En la clase del 19 de abril de 1977, durante el mismo semina-
rio citado en el encabezado, un Lacan ya curtido por el tiempo y
la experiencia y cerca del final de su vida, dejó caer el siguiente
alegato: “No hay más que la poesía, se los he dicho, que permi-
ta la interpretación. Es por eso que yo no llego más, en mi téc-
nica, que a lo que ella sostiene”. 1
Valga esta cita como preámbulo de otra muy cercana, del mismo
seminario, donde vincula el instrumento de la cura con la estruc-
tura del inconsciente. “Es en tanto que una interpretación justa
extingue un síntoma que la verdad se especifica por ser poética”. 2
Al modo de la tradición exegética de los talmudistas, desplegaré
mi lectura y comentarios de este condensado y sabroso pasaje.
Hay cuatro palabras centrales que tomo en calidad de concep-
tos forjados por Lacan a lo largo de su obra. Estos son: interpre-
tación, síntoma, verdad y poética.
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La Verdad. En el discurso de Lacan la categoría de la Verdad tie-
ne un profundo sello de originalidad con relación al empleo del
mismo término en otras disciplinas. Tradujo con el nombre de
Verdad aquello que Freud definió como Inconsciente. No se trata
de encontrar el vínculo entre la Verdad y el Inconsciente, son dos
términos equivalentes en su código. Así, tal como lo adelanté, se
puede reescribir el final de la última cita sin alterar su rigor, del
siguiente modo: “… el inconsciente se especifica por ser poético”.
En consecuencia, si el campo de la Verdad, en tanto no-dicha,
se corresponde con la superficie topológica de lo reprimido, el
acto de trasladarla al dicho fue nombrado por Lacan como Re-
velación de la Verdad e incluye cualquier fenómeno equiparable
con lo que Freud definió retorno de lo reprimido cuyas coordena-
das lógicas están presentes en toda formación del inconsciente.
Ateniéndome a la cuestión central interrogada aquí subrayo que
un síntoma en tanto acto de revelación de la Verdad, plasmada,
por ejemplo, en una fobia a los caballos, no ensancha el saber de
quien la padece sino que conserva su estatuto de verdad, medio
dicha, enigmática, como una roca resistente a la traducción sig-
nificativa. ¿La interpretación del analista debiera apuntar a des-
enterrar el supuesto sentido oculto del síntoma o reproducir el
mismo mecanismo significante del retorno de lo reprimido a fin
de repetir un efecto de verdad?El modo de responder a esta pre-
gunta señala el punto de divergencia entre dos maneras de con-
cebir la cura: “orientada hacia la consolidación de una nueva
versión significativa acerca de las fuentes de inhibiciones, sínto-
mas y angustias, lo cual deja indemne la transferencia al sujeto
supuesto saber”; a través de intervenciones con dominancia de
la función poética que refuerzan la inventiva del analizante y su
confianza en el inconsciente. En la medida en que todo aconte-
cimiento donde la verdad irrumpe produce una falla, una grieta,
un agujero en la superficie del saber revelando su inconsistencia,
progresivamente va restando solidez a la posición del analista en
tanto garante, falso garante del saber supuesto.
La función poética del lenguaje. Es en tanto que una interpretación
justa extingue un síntoma que la verdad se especifica por ser poética.
Lacan no solo siguió atentamente los desarrollos de Jakobson
acerca de la universalidad de la estructura fonológica de las len-
guas, sino que se apoya es sus desarrollos para redefinir el in-
consciente freudiano en tanto estructurado como un lenguaje.
Recuerdo una temprana cita de “La instancia de la letra en el in-
consciente…” para dar cuenta de esta afirmación:
“Ahora bien, la estructura del significante es, como se dice co-
rrientemente del lenguaje, que sea articulado.Esto quiere decir
que sus unidades, se parta de donde se parta para dibujar sus
imbricaciones recíprocas y sus englobamientos crecientes, es-
tán sometidos a la doble condición de reducirse a elemen-
tos diferenciales últimos y de componerlos según un
orden cerrado.Estos elementos, descubrimiento decisivo de
la lingüística, son los fonemas (….) y presentifican válidamen-
te lo que llamamos la letra, a saber, la estructura esencialmen-
te localizada del significante”. 3
La letra escrita cierne cada uno de los componentes mínimos
diferenciados en el habla sin necesidad que el hablante tenga
conciencia de ello. La invención de la escritura alfabética mar-
có el momento histórico en el cual la estructura fonológica de
la lengua hablada pudo ser identificada y cada uno de sus ele-
mentos identificado con un signo gráfico. La lista de letras –vo-