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Colaboración
El cuerpo, una mirada interdisciplinaria
Escribe
María Inés López Amoedo
iamoedo@hotmail.com
Introducción: Es frecuente hablar en los escenarios del mundo
Psi acerca del cuerpo y sus representaciones.
Muchas de las veces es un tema de consulta de aquellos su-
jetos que se hacen preguntas implícitas o explícitas sobre sus
propios cuerpos.
Otras veces son parte de una trama simbólica a descifrar.
Para ilustrar este recorrido presentaré una puntuación psicoa-
nalítica de la concepción del cuerpo, a partir del fragmento de
una poesía de Alejandra Pizarnik.
“Ojalá pudiera, vivir solamente en éxtasis, haciendo el
cuerpo del poema con mi cuerpo, rescatando cada frase con
mis días y con mis semanas, infundiéndole al poema mi so-
plo a medida que cada letra de cada palabra haya sido sa-
crificada en las ceremonias del vivir.” 1
Desde el Psicoanálisis el cuerpo es un constructo con un sig-
nificado muy diferente a lo que estamos acostumbrados en la
vida cotidiana.
El cuerpo en el Psicoanálisis es una construcción.
De allí emerge la afirmación “Tengo un cuerpo” que es muy
distinto a decir “soy un cuerpo”.
Lo primero hace referencia al cuerpo psíquico, en cambio la
segunda afirmación tiene connotación de tinte biológico.
La construcción del cuerpo a medida que un sujeto crece y se
desarrolla, es siempre en relación a un Otro, al que llamamos
el Otro de los primeros cuidados.
Alimentarse no es solamente cubrir los aportes energéticos
para crecer sino que es un proceso generador de sensaciones y
descubrimientos tales como olores, sabores, sonidos, etc., con-
vergiendo las primeras interacciones entre el niño y el adulto.
Es a lo largo de nuestra existencia que vamos conformando
nuestra propia subjetividad por la experiencia de tener un cuer-
po y una imagen de sí mismos.
A lo largo de la historia la concepción del cuerpo fue toman-
do diferentes significados. Platón, por ejemplo, lo consideraba
como la cárcel del alma.
Retomando las ideas del Psicoanálisis, el cuerpo es una cons-
trucción imaginaria basada en representaciones psíquicas a las
que conocemos como el esquema corporal.
Ahora bien, al afirmar que la construcción que cada sujeto
hace de su cuerpo es en relación a la experiencia subjetiva y
con los otros significativos (figuras parentales y luego la socie-
dad) llegaremos a la conclusión que el cuerpo no es algo natu-
ral y primario, sino que por el contrario es secundario y a pos-
teriori de la misma experiencia.
Sigmund Freud en el año 1914 en su escrito “Introducción
del Narcisismo” postula como hipótesis a aquella fase del desa-
rrollo psíquico en que el niño pequeño (entre los 6 y 18 meses)
constituye su yo y su cuerpo.
La Psicología evolutiva marca este período con la presencia de
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un fuerte egocentrismo de parte del niño, y Freud tomando el
mito de Narciso hace su parangón: Narciso absorto, queda ex-
tasiado ante la vista de sí mismo, enamorándose de su imagen
reflejada en las aguas. El niño queda absorto de su propia ima-
gen construida a partir del encuentro con el Otro.
Jacques Lacan años más tarde nos da su versión de la Teoría
del Estadio del Espejo donde coincide con la idea de la cons-
trucción de un cuerpo en el orden de lo imaginario.
Es en la identificación especular con la imagen de un Otro,
que el individuo tiene una imagen de sí.
Es al mirar al Otro de los primeros cuidados que se mira a sí
mismo como lo haría frente a un espejo y se dijera: “Porque el
Otro tiene un cuerpo, y yo soy como el Otro, yo también ten-
go un cuerpo”.
El cuerpo es entonces como algo que viene desde afuera por-
que está allí en ese Otro y es aprehendido por identificación.
Las palabras de Alejandra Pizarnik nos acercan un modo par-
ticular de concebir el cuerpo como un espacio de representacio-
nes configurado de palabras y escritura.
El cuerpo como construcción se hace texto.
Es inventario de mensajes que se inscriben en marcas, hue-
llas y memoria.
Hablamos mediante palabras, gestos y señales que dan nues-
tro cuerpo.
El cuerpo se hace soporte de una literatura hecha de signifi-
cantes para ser leídos por un Otro.
También podríamos preguntarnos entonces, ¿cuál es la ma-
teria prima de las invenciones de los poetas?
Citando nuevamente a Freud en su obra “El poeta y el fan-
taseo”, él hace referencia a los intentos de los poetas, de susti-
tuir una realidad indeseada por otra más acorde con el deseo y
lo compara al juego de los niños.
“¿No deberíamos buscar ya en el niño las primeras huellas
del quehacer poético? La ocupación preferida y más intensa del
niño es el juego. Acaso tendríamos derecho a decir todo niño
que juega se comporta como un poeta, pues se crea un mundo
propio o, mejor dicho inserta las cosas de su mundo en un nue-
vo orden que le agrada.” 2
Es el mundo de la fantasía, de los sueños diurnos y de la crea-
ción poética, una continuación y el sustituto de los antiguos jue-
gos del niño.
Remarca Freud que en el niño al jugar están los vestigios de
la actividad poética, creando un mundo propio con un nuevo
orden según su deseo, como lo hace el poeta.
Conclusión: El cuerpo se hace palabra porque toda experien-
cia desde la más temprana edad se inscribe en el cuerpo: sen-
saciones, olores, sonidos y percepciones.
El cuerpo es una construcción imaginaria atravesada por la
palabra.
El cuerpo fue y será por siempre una de las preocupaciones
de los mortales.
La literatura ha sido portavoz de ello como lo fue Alejandra.
_____________________
1. Alejandra Pizarnik (1971) El deseo de la palabra. El infierno Musical. Bs.
As., Ed. Lumen.
2. Freud, S. (1908) “El poeta y el fantaseo”. Obras Completas. Bs. As. Ed.
Amorrortu.