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LETRA VIVA LIBROS | Av. Coronel Díaz 1837 | Ecuador 618 | Buenos Aires, Argentina | Telefax 4825-9034 | www.imagoagenda.com (Viene de pág. 30) por Emilia Cueto [ecueto@elsigma.com] www.elSigma.com Psicoanálisis, psicoanalistas y género Entrevista a Irene Meler En el prefacio de Psicoanálisis y género: Escritos sobre el amor, el trabajo, la sexualidad y la violencia, señala que su principal re- ferencia teórica para estos estudios ha sido el psicoanálisis in- tersubjetivo anglosajón con orientación de género. ¿Sucintamen- te cuáles ubicaría como pilares fundamentales de esta corriente y qué lo diferencia de otras? En Estados Unidos, que fue la cuna del feminismo liberal, varias científicas sociales formadas en el pensamiento de las izquierdas, se interesaron en el psicoanálisis. Este interés sur- gió porque consideraron que el profundo cambio que se esta- ba produciendo en las relaciones de género, requería de una teoría acerca de la subjetividad. No era suficiente con promo- ver cambios culturales, y establecer políticas públicas que re- montaran la milenaria desigualdad instituida entre varones y mujeres. Se necesitaba transformar las mentalidades, y para contribuir a ese proceso se acercaron al psicoanálisis, pese a que las primeras feministas han experimentado un fuerte re- chazo respecto del discurso freudiano, por sus notorios ses- gos androcéntricos, o sea su enfoque realizado desde la pers- pectiva masculina hegemónica, y por sus prejuicios sexistas. Ocurrió algo notable: tanto Nancy Chodo- row, como Jessica Benjamin, que son, según pienso, las representan- tes más destacadas de esta corrien- te teórica, al acercarse al psicoaná- lisis, se convirtieron en psicoana- listas, y hoy en día ambas ejercen la práctica clínica y son integran- tes de la IPA. El hecho de que su formación ini- cial se sustentara en las ciencias so- ciales, motivó que buscaran desarrollos psicoanalíticos que su- peraran enfoques centrados en el individuo aislado. La índole relacional de la construcción psíquica del sujeto y su inscrip- ción en un contexto socio cultural, resultan aspectos centrales para estas autoras. Ha existido al interior del campo psicoanalítico, una ten- dencia al reduccionismo biologista, que fue reemplazada más tarde por un recurso al estructuralismo. El carácter construc- tivista del discurso lacaniano esperanzó a muchas teóricas fe- ministas, pero al menos las representantes de esta escuela, entre las que se cuenta también Jane Flax, se decepcionaron del lacanismo. Esto ocurrió porque los invariantes que ya no se referían a las diferencias sexuales biológicas, se inscribie- ron en un orden simbólico binario, cuya contingencia e histo- ricidad fue denegada, mientras que sus características se uni- versalizaron, obturando así las transformaciones sociales de- mocratizadoras. Entonces estas autoras abrevaron en la Middle School o Escue- la del medio, inspirándose en la obra de Donald Winnicott, espe- cialmente apreciada por el valor que el autor asigna al ambiente en la construcción del psiquismo. Otro autor que les ha servido de inspiración es Daniel Stern, quien ha estudiado el desarrollo infantil en el contexto del vínculo temprano. Esta escuela americana del psicoanálisis intersubjetivo con orientación en género no es mi única referencia teórica. Den- 36 | Imago Agenda | N° 204 | Verano 2018 tro de los autores europeos, me interesa mucho la obra de Jean Laplanche, justamente por el valor que asigna al vínculo en- tre adultos y niños para la construcción del psiquismo, cuando enuncia su teoría sobre la implantación exógena de la sexua- lidad. Michel Tort es otro autor, cuyo pensamiento me resulta afín, en tanto cuestiona la eternidad y universalidad del orden simbólico contingente. Ha elaborado objeciones muy funda- das acerca de un deslizamiento riesgoso que se produce cuan- do los psicoanalistas se postulan como sostenedores de las nor- mas sociales vigentes, fundándolas en una supuesta estructura atemporal del psiquismo humano. Asimismo en Psicoanálisis y género…, señala que “el decurso histórico no es lineal y se avizoran fluctuaciones regresivas en lo que se refiere a las relaciones de género”. Lo que se observa, al menos en Argentina no haría pensar en esa línea, ¿qué de su co- nocimiento la lleva a postular esta afirmación? Los avances sociales enfocados desde una perspectiva des- criptiva, con frecuencia generan una ilusión de paridad que no registra la inercia intersubjetiva de las relaciones de género tradi- cionales. Por ejemplo, para mi te- sis doctoral sobre familias ensam- bladas, que expuse en el libro Re- comenzar, tomé entrevistas a in- tegrantes de parejas unidas en se- gundas o terceras nupcias. La mi- tad de mi muestra se componía de varones divorciados, que ya habían sido padres, y mujeres solteras (antes de formar esa pareja) que eran entre 10 y 15 años menores que sus maridos. Al principio pensé que había tenido la mala suerte de que mi pequeña muestra se sesgara debido a facto- res aleatorios, pero después, encontré en estudios que apor- tan datos secundarios, que estaba ante una tendencia social. De modo que la posibilidad del divorcio vincular y de concer- tar un nuevo matrimonio, que fue percibida como un avan- ce favorable para la condición femenina, porque los hombres nunca se privaron de sostener un matrimonio insatisfactorio mediante relaciones paralelas, en realidad contribuye a reci- clar la dominación masculina. Un varón tanto mayor que su esposa, tiene facilitado ejercer el liderazgo en la pareja y en la familia, basado en su mayor experiencia y en su mejor situación laboral y patrimonial. En la era del divorcio, la diferencia de edad entre los cónyuges, que en la Modernidad media se acotaba a unos tres años, ha llegado a los niveles de asimetría que caracterizaron a la Gre- cia clásica o al Medioevo. De modo que hay avances que encu- bren retrocesos, y eso se debe a la índole sistémica de las re- gulaciones de género. Se cambia algo en un sentido progresi- vo, pero el sistema se recicla, y ese reciclado del dominio mas- culino se sostiene sobre bases cognitivas, económicas y eróti- cas. La dominación masculina está erotizada y profundamen- te inscrita en lo inconsciente. Como considero que lo incons- ciente es mayormente social, sin embargo soy optimista. Sim- plemente no me apresuro a festejar la liberación femenina,