Mi primera publicacion Imago Agenda 204 | Página 30

LETRA VIVA LIBROS | Av. Coronel Díaz 1837 | Ecuador 618 | Buenos Aires, Argentina | Telefax 4825-9034 | www.imagoagenda.com Universidad y Psicoanálisis De psicoanalistas en la universidad, unicornios azules y cronopios Escribe Norma Bruner normabruner@gmail.com N o todos los psicoanalistas tenemos la misma política y posición a la hora de llevar adelante nuestro traba- jo como docentes universitarios. No todos los docen- tes o profesores universitarios tenemos la misma posición a la hora de llevar adelante nuestro quehacer como psicoanalistas. No todos los psicoanalistas trabajan como docentes univer- sitarios y sin embargo sostienen una cierta política del psicoa- nálisis. La política del psicoanálisis no es la política de la uni- versidad argentina, aunque haya psicoanalistas argentinos en política universitaria. Es muy difícil poder separar la política de la universidad de la política e historicidad de nuestro país. De manera inadvertida o advertidamente, siempre se tie- ne una cierta posición política, no necesariamente partidaria, ya que no hay ética sin política, si el sujeto está en cuestión. El psicoanálisis no es tal sin una cierta ética a la hora de de- finir al sujeto humano, objeto de sus intervenciones, y por ello su política es precisamente la puesta en acto de la realidad de lo inconsciente, siendo la transferencia el dispositivo donde el psicoanalista tiene derecho o autorización para hacerse res- ponsable de su dirección. En lo personal, trabajo como psicoanalista y docente de la Fa- cultad de Psicología de Universidad de Buenos Aires, y en otras universidades del país y el exterior desde hace más de 30 años, e intento seguir apostando a una posición ética que defienda la singularidad, el derecho a la pura diferencia del deseo, y al mis- mo tiempo, la utopía de hacerlo con otros, en un entramado y desarrollo que nunca es individual sino en relación al semejante. El psicoanálisis es una práctica de transformación, creado- ra de diferencias en un campo donde no existían previamen- te a su paso. Los psicoanalistas ejerciendo docencia universita- ria, tenemos la posibilidad y oportunidad de hacer función del significante, ponerlo a trabajar y hacer que su dimensión haga marca en nuestros alumnos y por ende, en nosotros mismos. Hay profesores y cátedras significantes y significativas, si de- jan como saldo o resto entre el docente y el alumno un nue- vo sujeto. El aprendizaje se produce en ese espacio transicio- nal que no le pertenece ni al docente ni al alumno pero que no puede generarse sin ambos en juego. Hay aprendizajes posi- bles, si al cursar y/o dictar esa materia se logra un encuentro entre docente y alumno y un proceso de transformación acti- vo, si se despertó el deseo de aprehender porque la dimensión lúdica, sorpresa e identificación, se puso en acto. Cuando esto sucede los efectos resultan duraderos hasta bas- tante después de haber rendido el examen final. Ese encuen- tro transformador abre caminos y vías. Hay libros, autores, po- siciones, debates, propuestas y conceptos que se vuelven refe- rentes en el ejercicio profesional, y hay fichas, apuntes o ma- nuales que son vendidos rápidamente luego del ciclo lectivo. Hay cátedras y docentes, psicoanalistas inclusive, que sólo ponen a funcionar la lógica de la repetición de lo real, con sus efectos de mortificación y sacrificio sufriente, o de la fascinación narcisista perversa de la mostración, incluyendo al alumno como 30 | Imago Agenda | N° 204 | Verano 2018 público sumido y sometido en la angustia de la insuficiencia. Un psicoanalista, si ha hecho él mismo un trabajo de análi- sis, puede estar en mejores condiciones incluso que otros para hacer docencia al aceptar la propia castración y ubicarse como un simple pasador. Habrá efecto sujeto si como resultado del encuentro, en el aula o el consultorio, algo nuevo que imprima corte y diferen- cia simbólica ocurrió. La presencia del psicoanálisis y de psicoanalistas en equipos interdisciplinarios, del orden de la Salud, Educación, Trabajo Social u otros, resulta ser, desde mi punto de vista, imprescin- dible y no sustituible si está en juego la defensa del estatuto ético del sujeto humano y su desarrollo. En esta ocasión, para el tema Psicoanálisis y Universidad voy a elegir como sesgo el testimonio y reconocimiento. En el año 1980 ingresé a la Universidad de Buenos Aires como estudian- te de Psicología, en 1985 recibía mi título de Licenciatura, y co- menzaba la aventura profesional como psicoanalista y docen- te universitaria. Al momento de mi elección de carrera univer- sitaria la disyuntiva Medicina o Psicología jugó la primer par- tida pero el guante no quedó en el piso, la pregunta e investi- gación por las condiciones de posibilidad o imposibilidad, de prohibición y/o de prescripción para que un bebé y/o niño, ad- venga a una posición como sujeto de deseo en la infancia, si- gue presente en mi aún hoy, como causa, límite y horizonte. Dar cuenta de los procesos y las operatorias simbólicas pri- mordiales a la constitución del sujeto, la incidencia de lo real orgánico y los efectos imaginarios, los caminos para la cons- trucción del cuerpo como propio, el valor del juego y del jugar, el papel del Otro y otros primordiales, la historicidad y la épo- ca, las condiciones sociales, los factores e indicadores de ries- go para la detección e intervención temprana, las relaciones y diferencias entre el autismo, las psicosis y las llamadas dis- capacidades infantiles, son algunos de los problemas que me propuse investigar y desarrollar. En la década de los 80 a los niños con Autismo y/o Psicosis, los que hoy integran el abanico social de las discapacidades in- fantiles, se los llamaba “Aislados”, y de hecho, hubo un Primer Congreso Argentino “del niño aislado” al que no concurrimos más de 5 o 10 psicoanalistas. No es que hubiera menos autis- tas, es que había menos psicoanalistas deseosos del brillo es- cénico que otorga hoy ocuparse del Autismo, y el DSM no ha- bía desembarcado en las escuelas aún. Luego de haberlo he- cho, el efecto dominó se hizo imparable; con gran provecho para los laboratorios ciertamente. Tuve la fortuna de haber pasado mi concurrencia desde 1985 a 1990 por el Servicio de Psicopatología Infantil del Hospital La- nús. El creado por Mauricio Goldemberg, e ingresar, en 1986 al centro Dra. Lydia Coriat (Fepi ), ser parte de su historia y equi- po durante 25 años hasta el 2011, como también en ese mis- mo año ingresar a la docencia universitaria en la Facultad de Psicología de la UBA, la que sigo ejerciendo en la actualidad. Pese a todo –a buen entendedor pocas palabras– decidí du- rante todos estos años, poner a debate, lecturas, temáticas y posiciones. Haberlo hecho de esa manera me valió disgustos o exclusiones y también, hay que decirlo, no pocas gratificacio- nes y satisfacciones sustitutivas. Pude construir un espacio dentro de la Facultad de Psicología