Mi primera publicacion Especial Coronavirus - Page 24

LAURA LÁZARO En mi última clase de Lengua antes de lo inimaginable, el tema que tratamos era el que llevaba inundando las aulas los últimos días: el coronavirus. Hablábamos de él como si de algo ajeno se tratase, con la esperanza y seguridad de que a nosotros no nos llegaría la situación de alarma. Si tuviera que recalcar algo de ese día sería lo normal que parecía todo. Recuerdo, en esa clase, pedir ir al baño sólo para probar el nuevo jabón y secador de manos que habían instalado para la ocasión. Llegué a mi casa alrededor de las tres menos cuarto, como de costumbre, quejándome de las mismas cosas que siempre: de tener que esperar veinte minutos por la guagua, de lo que tendría que estudiar esa semana… A las tres y media exactamente, le escribí un mensaje a mi amiga Irene para recrearnos en el descontento con la situación que se acababa de declarar, porque como se suele decir: desgracia compartida, menos sentida. Durante la primera semana, que comenzó tras enterarme de que cancelaron las clases durante quince días, me asaltó una única duda: ¿qué pasará con la EBAU? Por mi cabeza asomaron pensamientos de lo que me fastidiaría que por esta situación, mi futuro no siguiera el cauce que yo había estado trabajando para que siguiese. Tras hablar con varias amigas sobre esta inquietud que me ocupaba esos primeros días, decidí que no había nada que yo pudiese hacer, más que confiar en que nos tendrían en cuenta a todos los estudiantes que estábamos en la misma situación. Después de poder dejar de lado mi quizás egoísta duda, me centré en cómo organizarme para poder seguir estudiando desde casa. El lunes comenzaron a llegarme correos de los profesores con tareas, fechas de entrega, enlaces, vídeos… Una montaña de cosas que hacer se me formó, y durante unos momentos no me dejó mirar más allá. IES TEROR