Mi primera publicacion Especial Coronavirus - Page 22

IVÁN PÉREZ En mi última clase, a sexta hora, estuve con Sara Blanco en el aula de Dibujo Técnico. No recuerdo con detalle qué estábamos haciendo en clase ese día, que, sinceramente fue como cualquier otro por el lado de las clases. Tan monótono como siempre. Sin embargo, ese día había algo diferente, pues en los baños (o por lo menos en el que corresponde a los alumnos de 2º de Bachillerato) habían instalado un secador para las manos y puesto una botella de jabón, algo que me chocó dado que nunca antes a nadie se le había ocurrido hacer algo por el estilo (excepto en el aula de Dibujo Técnico, donde siempre suele haber jabón para lavarse las manos). En conclusión, un día del montón excepto por aquel detalle. Esa tarde, fui con mis padres a hacer la compra, y la imagen que vimos en el supermercado fue algo desagradable: parecía que habían robado. Me sorprendieron las palabras de una clienta del establecimiento: “Tengo un tratamiento, y me hace falta “tal producto” para seguirlo. No queda ninguno, y al entrar, vi a otra persona saliendo con siete”. “Increíble la falta de solidaridad de mucha gente”, pensé yo. Fue más entrada la tarde cuando nos llegó la noticia de que no habría clase al menos durante las dos siguientes semanas. Noticia que me cogió por sorpresa, pero a la que no puse quizá el asunto que merecía. Al fin y al cabo, solo serían dos semanas (tres con la Semana Santa) en casa y luego de vuelta a la rutina. Durante la primera semana, me tomé este tema como si fuesen vacaciones. Más tiempo libre y dentro de la existente incertidumbre que se palpaba en el aire un cierto estado de relajación. Eso antes de que a mis compañeros y a mí nos mandaran la ingente cantidad de tarea que nos comenzaron a llegar casi a lo loco, como si en ese momento estuviésemos en clase (el tema es que pasaron casi la primera semana mandando cosas a la hora que les parecía). Nada que una buena organización y paciencia no pudiesen resolver (yo ando buscando la primera). En cuanto al ámbito familiar, las cosas no se distaban mucho de unas vacaciones cualesquiera. La semana se me fue prácticamente entre tareas domesticas, estudios y pasar algo de tiempo con mis gatos y, en el fondo, algo preocupado por el bienestar de mi abuela, que en ese entonces ya llevaba casi quince días de aislamiento. IES TEROR