Mi primera publicacion Entintado - Julen Rodriguez | Page 22

Parece que llevo días en su mente, pero, nada más despertar, miro el reloj y descubro que solo han pa- sado cinco míseros segundos. Ahora seis. El hombre que se encuentra justo en frente, que ha acabado con más de dos mil vidas, de cualquier edad y género, busca una respuesta que le revele los acontecimientos del futuro. Pero no puedo verlo de la misma forma que veo el pasado, que está escrito en cada neurona de su cerebro. Ahora entiendo la razón por la que no me atrevía a articular ni una sola palabra. Ahora entiendo la razón por la que nunca debió entrar por esta puer- ta. Ese aura tan pesado, frío como la escarcha, no es corriente. Veo sus intenciones. Sé que, al salir de este edifi- cio, le aguarda una misión crucial. Noto sus preo- cupaciones, su inquietud y su casi inapreciable ner- viosismo. Porque, si él no es capaz de sentir, a duras penas puedo saberlo yo. Su misión es clara, pero apenas puedo verla. Se presenta ante mí como una mancha borrosa, llena de colores oscuros, gritos de desesperación, olor a chamuscado y un estruendo fuerte, ensordecedor. Veo un palacio, un charco de sangre, cadáveres por todos lados. Oigo el susurro del viento y el lati- do de los corazones de las familias de todo el reino. Sé que algo grave va a ocurrir, pero no soy capaz de apreciarlo. <>, es la palabra que me viene a la un traje negro de lino caro. mente. —¿Y bien?– concluye el extraño, rompiendo el Vuelvo a mirar a los ojos de ese desganado indi- silencio—. ¿Qué me depara el futuro? viduo que nunca debió de haber entrado. Me de- —Muerte. vuelve una sonrisa, esta vez tierna, llena de dulzor, como la de un niño desprotegido pero inocente. Este no es el hombre cuya historia he observado. Se le ve más... más... no, es él. Su presencia hace que todos los músculos de mi cuerpo se tensen. Entonces lo veo. Veo cómo el palacio real salta por los aires. Una bomba. Esta noche será el fin de la monarquía en este país. Veo, en medio de esa catástrofe, una silueta débil y delgada, caminando entre el humo y las ruinas del castillo, ataviada con