Mi primera publicacion Boletin ASOPEN 41 | Página 42

Cibertertulias desde la diáspora, o esa infinita sensación de domingo por la tarde Por Jairo Gallego D uante esta segunda década del Siglo XXI se han ausentado varios renombrados artistas del olimpo poetico-musical de las letras hispanas, quienes hicieron vibrar nuestras emociones durante varias décadas, o utilizando el híbrido lenguaje de la actualidad, fueron verdaderos “influencers” de épocas doradas. Han partido los cantores inolvidables, han callado los canta-autores a los años juveniles y a la patria de los sueños de siempre, los cantores a los amigos, al perro callejero y al pobre gorrión, a la bohemia feliz, a quienes “soñábamos con la gloria conseguir”, que tambien cantaron a las memorias de las viejas canciones, todos siguieron la partida anticipada del viejo histórico que no engrasaba los ejes. Ante esa realidad inevitable, decidí seguir el ejemplo de José Ángel Suárez, con sus tertulias que periódicamente organiza con los asociados de ASOPEN, y como una forma de catarsis individual. Aprovechando de alguna manera el retiro iniciado en tierras septentrionales, el conjuro de los recuerdos se hizo posible con el respaldo de la gran plataforma que permite el acceso a videos musicales de generaciones atrás, de tal manera que se inició todo un ejercicio necesariamente cargado de la consabida nostalgia por las tierras del ayer, por las tierras del alma. Las llamas de aquella catedral legendaria en el corazón de Paris hicieron que la primera canción en insinuarse fuera nada menos que la ópera prima de la máquina del tiempo, re p re s e n ta d a p o r “ B o h e m i a ”, d e l armenio–francés Charles Aznavour, para recordar que una vez fuimos felices e indocumentados, como diría nuestro Nobel. Entre tanto, desde el sur, el primer soplo del viento transportaba una canción que, en los primeros años de iniciado en la diáspora, erizaba nuestra piel con esas notas del “Paisaje colombiano”, que un dueto argentino le habia dedicado a la tierra del “claro fulgor”. El carrusel de vida y de música, continuó con dos canciones de los años 70's relacionadas con el proceso migratorio, de dos compositores colombianos, a quienes no apreciamos lo suficiente en su debido tiempo: el barranquillero Luis Gabriel (todavía activo, aunque un poco olvidado), con su “Adios del emigrante” y “sus nuevas fronteras por buscar”, y la canta-autora provinciana que triunfó en la capital, la inefable Vicky, quien ambicionaba unir las “cuatro estaciones de la vida” en una sola primavera, que con su version de “el emigrante” nos llevó a “sembrar trigo en otro trigal”. Por supuesto que también se asomó al ritmo de trompetas y tamboras aquel “Emigrante latino”, que se quedó con “los abrazos sin calor”, como si fueran del “Hijo ausente”, ahora que había partido para siempre el indio Pastor López. Como el “alfarero de la fantasía” se había ido hacía pocas semanas, el formidable. 42 Boletín No. 41 / Julio de 2019 cantor-poeta del sur, Alberto Cortez, era imposible no incluir en la lista aquella historia de “El abuelo un día”, que se había ido de Galicia en una emigración, que habia roto la tendencia tradicional y fue cuando se produjo en algún recodo el caribe tropical y mágico, el fugaz encuentro de la carta fugitiva que nunca llegó, porque al parecer venía en ese “barco frágil de papel”, que es la amistad y la aspiracion convertida en brisa de aquel abuelo alejado de su Galicia natal, a la que tanto extrañaba desde el sur. Desde esas mismas coordenadas meridionales, y puesto que de cantores se trataba, surgió en la evocacion de tarde dominguera, el viejo Guaraní, quien se hizo sentir con aquella inolvidable cancion, “Si se calla el cantor”, o qué decir de “las memorias de una vieja canción”, que nos remontan a viejos puertos y eternos otoños. Por fortuna la discípula preferida del viejo Guarani continúa activa, con su energía contagiosa, con canciones como “Potrerito de la infancia”. Habia discurrido rápido la vida, al ritmo de tantos cambios tecnológicos sin estaciones y sin pausa, y durante ese transcurrir vital se habían cruzado estupendas primaveras de ingenuidad juvenil, tibios veranos de sonrisas a flor de piel, áridos inviernos de dificultades esporádicas y desconcertantes otoños de los tiempos idos. Entonces al mirar por la ventana en la fría tarde del norte, observaba cómo el viento arreciaba y el rumor distante de esas voces y notas inolvidables, se quedó suspendido en una noche estrellada, después de pasar el caribe legendario, e Igual que ese sepia que lo iba devorando todo, casi todas esas voces se fueron desvaneciendo en cada murmullo lejano, en cada correo electrónico que devolvía el servidor, en cada metáfora trunca, en cada silbido del viento que empezaba a arreciar en las montañas cercanas. Definitivamente ese alegórico “Viaje”, que describe la caribeña Conchita Valdés y que interpreta magistralmente otra dama de la canción, también recientemente desaparecida, María Martha Serra Lima, se ajustaba en cada nota a esa linea del tiempo que ahora se habría de disolver en el infinito, cuando el soplo del viento se llevaría el aliento… era precisamente por eso que no quería que se callara el cantor, porque “si se calla el cantor, calla la vida”. Para evadir ese soplo del viento, cierre la ventana, aunque quería que ese torrente de sueños se prolongara esa tarde de Domingo; de repente se escuchó otro éxito tropical de los años idos que lo llevaba a “Casa de Fernando”, solo que tendría que ser a “casa de Luis Angel”, pero alli estaba esa enorme brecha de tiempo y distancia, un corazón de distancia, de aquellos textos del maestro Cortez. Quiso pensar entonces cómo el eterno optimista Facundo Cabral, que mañana llegaría “Un nuevo día”, y a manera de consuelo intuyó que vendrían otras primaveras, y durante los inviernos la nieve y la tenue lluvia crearían más páginas de vida que habrían de discurrir en el otoño como las hojas de los árboles que empujan siempre la esperanza...y por supuesto que también vendrían otros veranos de trópico con ese tibio y dulce olor de vida, de fruta exuberante, de amistad esculpida en cada gesto amable que se recordaba… Asociación de Pensionados ASOPEN 43