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Premios Platinos de Cine
Colaborador Álvaro Jiménez Guzmán
A
unque fueron más quienes tuvieron una gran noche en la sexta edición de
los Premios Platinos de cine iberoamericano, celebrado en La Riviera,
México: la película colombiana Pájaros de Verano, de los directores
Cristina Gallego y Ciro Guerra, obtuvo el premio a mejor dirección artística. La
cinta relata el ascenso y caída social de la familia tradicional Wayúu en los años
setenta debido al entonces naciente negocio del narcotráfico.
La estatuilla fue recibida por la encargada de esta área, Angélica Perea, quien
comentó: “Necesitábamos mostrar cómo una familia, que hasta hace unos días,
solo tenía animales, lograba manejar la opulencia, y a la vez fracasaba en el
intento. La casa lujosa de la familia, construida en medio del desierto, recién
convertida en millonaria, era el paisaje necesario para mostrar esos dos
conceptos”.
Pero la ganadora más notoria de la noche fue la película del director mexicano
Alfonso Cuarón, que consiguió 4 distinciones: mejor director, mejor dirección de
fotografía, mejor guión y mejor sonido.
Los Platinos ratificaron a “Roma” como una de las mejores películas de 2018. La
historia de Cuarón, enfocada en Cleo, una empleada doméstica de Ciudad de
México en los setenta, ya se había destacado en los Oscar, al recibir tres premios y
diez nominaciones.
Yaritza Aparicio, la actriz que interpreta a Cleo, no resultó premiada, pero
protagonizó uno de los momentos más emotivos de la noche al invitar a los
asistentes a tomarse de las manos como símbolo de unión.
(FUENTE: EL COLOMBIANO, MAYO 14, 2019. RESUMEN).
Invitado
El “arte” en los primeros
asentamientos humanos
Por Juan G. Herrera Soto *
Darle categoría de
obra de arte a
aquellas primeras
manifestaciones
del hombre
encontradas en
las cavernas o
descubiertas en
las antiguas ciudades de oriente medio, sólo
es posible por nuestra relación
contemporánea con la estética.
Para los primeros asentamientos humanos,
el tallar la figura de una mujer sentada en un
trono flanqueado por leonas, era un asunto
de intrincadas construcciones simbólicas
que los acercaban a la divinidad.
Eran representaciones de deidades a las que
se les atribuía poderes divinos tales como la
protección de las cosechas, la fertilidad, el
alivio de enfermedades desconocidas, entre
otras creencias. Representar una deidad era
un asunto serio que implicaba lo ritual, lo
mágico y lo mitológico.
Al ver hoy en día exhibidas en los museos
estas representaciones, lo menos que
podemos sentir es admiración por el manejo
técnico de los materiales, por la simplicidad
de sus formas, por el color en algunas de
ellas y que nos generan un goce estético
desligado de una visión cosmogónica que
debieron cumplir en su momento y en sus
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Boletín No. 41 / Julio de 2019
ESPECIAL
comunidades. Su valor (el dado por las
civilizaciones de origen) no se medía en
términos museísticos o de galería de arte, su
valor era un valor ligado a lo religioso, a lo
mágico, a lo divino.
Sorprende que el valor estético que le
damos a algunas piezas cerámicas,
metalúrgicas o de otros materiales de las
antiguas civilizaciones haya dado lugar a
situarlas en su categoría de obras de arte.
De alguna manera, la producción de un
universo simbólico, que es inherente a la
producción humana en tanto que expresión
de un contexto sociocultural, ha dado pie a
considerar estas piezas como obras de arte.
Un ejemplo perfecto es la Venus de
Willendorf que, con sus senos y vientre
prominentes, es símbolo de fertilidad
asociada a la naturaleza y al ser humano
como tal.
La Venus de Willendorf es una venus
paleolítica datada entre 28.000 y 25.000 a.c.
*Diseñador Gráfico y Magíster en Diseño del Paisaje U.P.B
Asociación de Pensionados ASOPEN
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