Mi primera publicacion Boletin ASOPEN 41 | Page 38

Arte y LITERATURA La espera Por Francisco Pinzón Bedoya* Espero que llegues y contigo la alegría. Estoy vestido de lino beige con m i s m e j o r e s ga fa s porque ya casi no veo bien. Miro al piso y mis zapatos relucen. Es co- mo si quisiera presentarte mi mejor cara: “¿Para qué?”, alguien lanza la pregunta desde el fondo. No me he movido de estas baldosas que ya he gastado. Son las mismas en que jugábamos aquella noche que desapareciste dejando sólo esa carta que me leyó mamá. Jurabas que volverías, que no te buscara y que traerías este día exacto a las once en punto el tesoro que habías ido a descubrir. He repasado tu carta y sí, éste es el día. He crecido tanto que ya parezco un niño viejo, así dice mi hermano, pero no le hago caso. Miro el reloj y no entiendo por qué gira tan lento. Mi madre es la única que quiso acompañarme a recibirte, mis hermanos no quisieron, dicen que ya están cansados y que no volverás porque te fuiste muy niña. No los escucho porque no los entiendo, es decir, si tú eres mi mejor amiga. Sigo yendo al colegio y hace un mes me celebraron mi cumpleaños con un cuatro y un cero medio torcido, ya no me ponen muchas velitas. El reloj de la pared sigue su tic tac sin descanso. Me pongo nervioso. Mi mamá me ha peinado, así como a ti te gusta. Ella está 38 Boletín No. 41 / Julio de 2019 triste y no sé por qué. Veo que se cansa mucho últimamente, y ya no me hace todo como antes, sobre todo amarrarme los zapatos. Cada que se acerca esta fecha y me entusiasmo con tu llegada, ella se llena de lágrimas. ¿Sabes? Al esperarte ya no me siento tan diferente como a veces he oído que me dicen las maestras. Pero sigo contándoles que creo que eso que vas a traer es el amor que nos juramos cuando jugábamos en esta misma sala. Diez y cincuenta y ocho, grita alguien. Viene corriendo mi nana y Edi, nuestro amigo de la sonrisa, el de la casa del frente. Somos cuatro. Empiezan a sonar los campanazos, son tan bellos siempre que el sol entra por esa puerta. Se me acelera el corazón, cada sonido anuncia tu llegada. Veo una silueta antes de que terminen y sean las once en punto, pero es la misma que vi el año pasado y otro año también. Es la de los sueños, pero no eres tú. Nadie pasa la puerta. Otra vez, no llegaste. Todos me miran y lloran: les digo sonriendo que está bien. ¿Será que mi hermana tiene razón? Ella siempre me ha dicho: ¡La carta no tiene el año! *Poeta nacido en el Líbano, Tolima. Jubilado de ISAGEN. Parte de sus escritos y libros de poesía han sido publicados en la revista “Letralia” y en otras publicaciones extranjeras. En 1999 publicó su libro “Encuentros”, y su último libro de poesía lo publicó en 2017: “Sentires en mi menor”. El genio de las preguntas Colaborador Álvaro Jiménez Guzmán Albert Einstein, Wolfgang Amadeus Mozart, Aristóteles, Isaac Newton, Julio Verne, Ludwig Van Beethoven, Marie Cure, Pablo Picasso, Steve Jobs, Vincent Van Gogh, William Shakespeare… La lista de mentes brillantes es larga, pero ninguna se parece a la de Leonardo Da Vinci. “Era cien hombres en uno, el genio más creativo en la historia de la humanidad”: así lo describe el biógrafo de genios Walter Isaacson. Veía al mundo de forma diferente con un asombro inigualable. Su lista de tareas diarias incluía construir lentes para ver la luna más grande, describir la causa del bostezo y diseccionar el rostro humano para descubrir cada músculo y nervio que mueve los labios. Quería entenderlo todo, por eso iba como un ave inquieta escarbando en todos los campos del conocimiento. De hecho, una de sus obsesiones era estudiar al detalle el vuelo de los pájaros y su lengua, en especial, la de los carpinteros. La riqueza de sus manuscritos y dibujos desvela su genio. Dibujó músculos, el corazón y el sistema vascular humano. Incluso, hizo uno de los primeros dibujos científicos de un feto en el útero. Sus notas también contienen bosquejos de máquinas para volar, incluido un aparato parecido a un helicóptero que, de haberse construido, no habría despegado ni un centímetro del suelo. El genio también tenía dificultades: sus prototipos de ingeniería e hidráulica o bien fallaban o ni siquiera eran desarrollados. En el arte se atribuyen unas quince pinturas terminadas, una cada dos años. La obra más famosa que dejó es La Monalisa: una de las pinturas más debatida de la historia. Aún hoy los científicos se devanan los sesos para descifrar si la mujer está triste o feliz y millones de turistas al año hacen fila en el Museo de Louvre para tomarse una selfie con ella. Leonardo es tan enigmático que ha inspirado miles de productos culturales, entre ellos el libro El Código Da Vinci, de Dan Brown, con más de 80 millones de ejemplares vendidos, traducidos a 44 idiomas y con versión cinematográfica. 500 años después de su muerte, la mente de Leonardo sigue provocando más preguntas que respuestas, tal como él hubiera querido. Este recorrido es para acompañarlo a hacer muchas más. (FUENTE: EL COLOMBIANO, mayo 5, 2019). Asociación de Pensionados ASOPEN 39