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A nales de la R eal A cademia de M edicina y C irugía de V alladolid
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Antonio Buero Vallejo (1916-2000), y Alfonso Sastre (1926) en esta generación
también destacan Dionisio Ridruejo, y Pedro Laín Entralgo.
Una vez que se ha situado la literatura en el contexto de ese tiempo se pro-
cederá a tratar de la ciencia en el primer tercio del siglo XX.
La ciencia española del siglo XX recoge desgraciadamente la herencia de
los años anteriores, caracterizados por un patente desinterés hacia todo lo que
fuera creación científica. Esta actitud negativa ha marcado desfavorablemente a
la ciencia actual-. Contrariamente a la creación artística y literaria, en que España
ha señalado a veces el rumbo europeo, y cuando no, se ha mantenido siempre
en un nivel honroso, en lo que se refiere a investigación científica, nuestro país
nunca ha llegado a alcanzar este nivel. Surgen de vez en cuando genios aislados,
mientras carecemos de sólidos equipos.
Sin embargo, a pesar de estos precedentes, que parecían cerrar para siempre
el porvenir científico español, la verdad es que en nuestro siglo se ha dado una
corriente de optimismo que ha llevado a nuestra generación a querer recuperar el
tiempo perdido y conseguir colocar a nuestro país entre los de más importancia
internacional. Ello, no obstante, hemos de reconocer tristemente que la mayoría
de las veces, el fuerte retraso sufrido no nos permite más que llegar a una simple
puesta al día, sin pretender todavía alcanzar los primeros puestos del nivel cien-
tífico mundial. De todas formas, aunque los logros alcanzados por los españoles
en el siglo XX son pequeños en número, son en cambio importantes en determi-
nados aspectos, existiendo figuras de renombre universal, lo que demuestra el
colosal esfuerzo que ha tenido que realizar la incipiente ciencia española.
La concesión del Premio Nobel de Fisiología y Medicina en 1906 a Don
Santiago Ramón y Cajal estimuló la creación de la Junta de Ampliación de Estu-
dios, que proporcionaba becas y ayudas a científicos jóvenes, que deseaban com-
pletar su formación en el extranjero. Posteriormente en la inmediata postguerra,
fue creado el Consejo Superior de Investigaciones Científicas al que tanto debe
la ciencia en nuestro país.
Ideológicamente en la Real Academia Nacional de Medicina, durante el si-
glo XIX, perdura la tendencia vitalista y la tradición hipocrática con vigencia en
la Institución desde la fundación de la Tertulia en 1733. La introducción de las
nuevas corrientes ideológicas recibidas en Europa, de Francia principalmente,
darían origen a sonadas polémicas, destacando la que suscito la crítica al hipocra-
tismo formulada por Pedro Mata y que concitó la repulsa, casi unánime, de todos
los académicos.
El siglo XX en la historia de la Academia Nacional de Medicina, y es este
rasgo igualmente evidente en todos los campos de la vida nacional, comprende
periodo en el que se deslindan claramente dos etapas de muy dispar signo, entre