Mi manual del bebé, quinta edición octubre 2013 | Page 164
Nutrición bebé
Alimentación
del niño de dos
a tres años
Los niños a partir de los dos
años comienzan a realizar solos sus actividades y quieren
explorar el medio que los rodea. Su desarrollo psicomotriz
es cada vez mayor, de ahí
la importancia de la alimentación en esta etapa por la
formación de hábitos alimentarios y de aprendizaje.
Las costumbres adquiridas durante este lapso repercutirán en
toda su vida. Empiezan a seleccionar sus alimentos y el apetito disminuye, eligen los más atractivos y rechazan
los que no les gustan, distinguen los sabores (dulce, salado, ácido, amargo y
agrio), comprenden que tienen opinión
propia para consumir los alimentos solos
y descubren el manejo de los cubiertos.
Ahora el niño comparte la alimentación familiar, así que se debe tener en
cuenta el horario de las comidas: desayuno, refrigerio matutino, almuerzo, refrigerio de la tarde y comida. Las porciones
deben ser adecuadas para su edad, de
consistencia blanda y trozos pequeños,
bajas en condimentos, azúcares (dulces,
caramelos, postres), grasa (evitar las frituras) y sal. Los alimentos bajos en grasa
y azúcar previenen en el futuro enfermedades crónicas no trasmisibles, como
sobrepeso y obesidad.
Una alimentación balanceada incluye: alimentos formadores y constructores
como las proteínas que se encuentran
principalmente en la leche y sus derivados (queso, kumis, yogur), huevo, carnes,
aves y pescado, vísceras y leguminosas
(fríjol, lenteja, arveja, garbanzo); alimentos
reguladores como las hortalizas verdes
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y amarillas y las frutas; alimentos calorigénicos (energéticos) como cereales
y derivados, plátanos, tubérculos raíces; consumo bajo de azúcares, grasas
y aceites; fibra, proporcionada principalmente por frutas y verduras; y agua.
En ocasiones el niño juega con los
alimentos, lo cual no debe ser causa de
castigo. Hay que estimularle una adecuada masticación, pues influye en su estado nutricional y desarrollo del lenguaje.
Los padres deben tener información alimentaria y nutricional para orientar la formación de buenos hábitos alimentarios.
Cuando el niño ingresa al jardín infantil, se debe cuidar la elaboración de la
lonchera, que debe incluir una proteína,
una fruta entera o en jugo, preferiblemente en agua para evitar alguna alteración de la preparación, y un carbohidrato
(harina) como galleta, pan o tostada.
Por ejemplo: sándwich de queso y jugo
de mora.