Desarrollo físico, psicológico, intelectual y social en la adolescencia
to, al concluir que los alumnos no comprenden adecuadamente contenidos básicos de algunas materias como consecuencia del bajo desarrollo de las habilidades del pensamiento formal, así como por la carencia de información específica sobre los contenidos de aprendizaje( Vázquez, 1990; Oliva, 1999). En este mismo sentido, Corral( 1986), partiendo de la enseñanza de la resolución de tareas lógico-formales a jóvenes de entre 14 y 17 años, comprobó que si bien el aprendizaje de las tareas propuestas era moderadamente bueno, no lo era la transferencia de esos aprendizajes a otras tareas de similar estructura lógico-formal, lo que corrobora las premisas expuestas en otras investigaciones. Por su parte, Aguilar, Navarro, López y Alcalde( 2002) en una investigación realizada para analizar las posibles relaciones entre los logros cognitivos alcanzados durante el estadio del pensamiento formal y la resolución de problemas matemáticos, concluyen que a mayor pensamiento formal, mejor resolución de problemas matemáticos. Pero dado que un 64 % tienen dificultades para resolver problemas en los que están presentes los esquemas de proporcionalidad, sugieren que no es suficiente alcanzar el nivel de razonamiento formal para saber aplicarlo a la resolución de problemas matemáticos, por lo que sería necesario aprender conocimientos específicos para realizar las tareas correctamente coincidiendo con los resultados de Oliva y Vázquez mencionados más arriba.
4. DESARROLLO DE LA PERSONALIDAD
El desarrollo de la personalidad es una constante que se inicia en la primera infancia y continúa a lo largo de todo el ciclo vital. Durante la primera y segunda infancia surgen los rasgos individuales que poco a poco van conformando la forma de ser y de actuar del individuo adulto. La adolescencia, no obstante, es un periodo evolutivo en el que el sujeto deberá confirmar y afianzar aquellas características que fueron mostrándose a lo largo de las etapas anteriores. El adolescente tendrá que conformar la imagen que tiene de sí mismo y definir su identidad. Para ello tendrá que abordar, como señala Oliva( 2001) una serie de tareas que, en ocasiones, resultan bastante complejas, como adoptar un compromiso social de carácter ideológico y religioso, elegir una profesión, definir su orientación sexual y adoptar un estilo propio de vida y de relaciones de acuerdo a una convicción moral propia. En este recorrido hacia la configuración de una forma personal de ser, serán determinantes las influencias mutuas establecidas con progenitores, maestros, cuidadores, iguales, etc. En definitiva, se trata de un periodo de reformulación y diferenciación( L’ Ecuyer, 1985).
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