Psicología del desarrollo humano: desde el nacimiento a la vejez
En la segunda fase( 4 a 8 años), los niños tienen compañeros de juegos habituales y son independientes de cualquier apoyo adulto; estas relaciones se centran todavía en el yo y la amistad se percibe como un fenómeno transitorio sin estabilidad. En la tercera fase( 7-12 años), se introduce en la relación la intimidad y la reciprocidad y, en consecuencia, las amistades se hacen más intensas; es la fase de la“ camaradería preadolescente”, en la cual las amistades exigen mayores compromisos en los niños que participan en ellas, quienes tratan activamente de crear y mantener relaciones duraderas de este tipo. La cuarta fase es la etapa adolescente y se centra en la transformación de las relaciones de amistad con compañeros del mismo sexo en relaciones de tipo heterosexual. Las amistades se siguen desarrollando con una sensibilidad cada vez más fina hacia las necesidades, sentimientos, actitudes y creencias del otro, y con un mayor énfasis en la lealtad y la apertura emocional.
Selman( 1980) ha propuesto un modelo alternativo de fases evolutivas que se fundamenta en las clásicas fases piagetianas y que se apoya en la premisa de que el desarrollo de las amistades está íntimamente ligado al desarrollo de las habilidades cognitivas del niño en contextos no sociales.
El desarrollo de las relaciones de amistad es paralelo a la evolución que los niños experimentan en su concepto de amistad. Si bien en la etapa de preescolar el amigo es básicamente un compañero de juego con quien se comparte la realización de determinadas amistades, a lo largo de los años escolares el concepto evolucionará de tal forma que la ayuda y el apoyo bidirecciónal será cada vez más importante. Los componentes afectivos, por lo tanto, se asocian con la amistad en una edad temprana, mientras que los componentes cognitivos cambian de acuerdo con las reorganizaciones que ocurren a lo largo del desarrollo intelectual general( Hartup, 1985).
Hasta los cinco o seis años, los niños establecen sus vínculos más significativos con los padres. A partir de los siete u ocho, empiezan a formar grupo de amigos relativamente inconsistentes. Pero desde los nueve o diez, uno de este amigos pasa a ser más especial y se erige como“ el mejor”·, aquel que“ está para las cosas buenas y las malas”, el confidente y cómplice inseparable. De esta manera, la amistad adquiere mayor camaradería y mayor conciencia de las relaciones entre iguales( González, Gilar y Ordóñez, 2007).
Entre los diez y los doce años son capaces de manifestar la expresión más fidedigna de la amistad. Los niños se empiezan a mostrar más interesados por uno o dos de sus amigos. Ya no se relacionan con todo el grupo por igual, sino que establecen una relación más profunda y de mejor calidad con
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