Maravilloso desastre Maravilloso Desastre | Page 298

—Es un buen laboratorio —dij o Travis. Solté una carcaj ada y eché una m irada a Travis, que sonreía abiertam ente. —¿Cuándo has visto el laboratorio? No has hecho Física —dij o Shepley. Travis se rio y y o le di un pequeño codazo. Apretó los labios hasta que la necesidad de reír pasó y m e guiñó un oj o, apretándom e la m ano una vez m ás, entrelazando los dedos con los m íos, y oí que un pequeño suspiro se le escapaba de los labios. Sabía en qué pensaba, porque y o m e sentía igual. Durante ese rato, fue com o si nada hubiera cambiado. Aparcam os en una zona oscura del aparcam iento, y Travis se negó a soltarm e la m ano hasta que nos colam os por la ventana del sótano del Hellerton Science Building. Lo habían construido el año anterior, así que no tenía un am biente enrarecido ni tanto polvo com o los otros sótanos en los que nos habíam oscolado. En cuanto entram os en el vestíbulo, el rugido de la m ultitud llegó a nuestros oídos. Asom é la cabeza y vi un océano de caras, m uchas de las cuales no m e sonaban. Todo el m undo suj etaba una botella de cerveza en la m ano, pero los estudiantes de State College eran fáciles de distinguir entre la m uchedum bre. Eranlosquesebamboleabanconlosojosmediocerrados. —Quédate cerca de Shepley, Palom a. Ahí fuera se va a m ontar una gorda — dij o él desde detrás de m í. Observó a la m uchedum bre y sacudió la cabeza por la enorm e can- tidad de asistentes. El sótano de Hellerton era el m ás espacioso del cam pus, así que a Adam le gustaba program ar peleas allí cuando esperaban una gran afluencia de público. Incluso con ese espacio de m ás, había personas aplastadas contra las paredes y em pujones por conseguir un buen sitio. Adam salió de una esquina y no intentó ocultar el descontento por m i presencia. —Pensé que te había dicho que no traj eras a tu chica a las peleas nunca m ás, Travis. Travis se encogió de hom bros. —Ya no es m i chica. Aunque procuré que la expresión de m i rostro no cam biara, había pronunciado esas palabras con tanta naturalidad que sentí un pinchazo