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Negué con la cabeza.
—No sé qué siento por él. Es que, simplemente, no creo que sea posible,
Mare. Es una mala pieza.
—El problema es que ninguno de los dos está por la labor de hablar
abiertamente. Os asusta tanto lo que pueda pasar que os resistís con uñas y
dientes. Sé a ciencia cierta que, si miraras a Travis a los ojos y le dijeras que lo
quieres, no volvería a mirar a otra mujer.
—¿Y dices que lo sabes a ciencia cierta?
—Sí. Tengo acceso privilegiado a la fuente, ¿recuerdas?
Me detuve a pensarlo un momento. Travis debía de haber estado hablando
sobre mí con Shepley, pero Shepley nunca favorecería una relación entre los dos
diciéndoselo a America, porque sabía que ella me lo diría; eso me llevaba a la única
conclusión posible: America los había oído por casualidad. Quería preguntarle qué
habían dicho, pero lo pensé mejor.
—Esa situación solo puede llevarme a acabar con el corazón roto —dije
sacudiendo la cabeza—. No creo que Travis sea capaz de ser fiel.
—Tampoco era capaz de ser amigo de una mujer, y habéis conseguido dejar
a toda la universidad con la boca abierta.
Toqué la pulsera y suspiré.
—No sé. No me importa cómo están las cosas. Podemos ser solo amigos.
America dijo que no con la cabeza.
—Excepto por el problema de que no sois solo amigos. —Soltó un
suspiro—. ¿Sabes qué? Me he cansado de esta conversación. Vamos a que nos
peinen y nos maquillen. Te compraré un vestido nuevo por tu cumpleaños.
—Creo que eso es exactamente lo que necesito —dije.
Después de horas de manicuras, pedicuras, de que nos peinaran, de que nos
hicieran la cera y nos empolvaran, me calcé unos brillantes zapatos de tacón
amarillo y me metí en mi nuevo vestido gris.
—¡Ah, esa es la Abby que conozco y quiero! —Se rio mientras aprobaba con
la cabeza mi conjunto—. Tienes que ir así vestida a tu fiesta de mañana.
—¿No era ese el plan desde el principio? —dije, con una sonrisa burlona.
El móvil vibró en mi bolso y me lo sujeté junto al oído.
—¿Diga?
—¡Es hora de cenar! ¿Dónde demonios estáis? —dijo Travis.
—Nos estamos mimando un poco. Shep y tú sabíais comer antes de que
llegáramos nosotras. Estoy segura de que podréis arreglároslas.
—Vale, vale, no te aceleres. Nos preocupamos por vosotras, ya lo sabéis.
—Miré a America y sonreí.
—Estamos bien.
—Dile que enseguida te llevo de vuelta a casa. Tengo que parar en casa de
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