MARAVILLOSO DESASTRE maravilloso_desastre | Page 74

www.lecturaycinecr.blogspot.com Parker sonrió y me guiñó el ojo. —Siempre se lo hago pasar mal. No lo consigo a menudo ya que se ha dado cuenta de que es más fácil si las chicas vienen en sus propios coches. —Imagino que eso simplifica las cosas —dije, tomándole el pelo a Travis. —No tiene gracia, Paloma. —¿Paloma? —preguntó Parker. —Es… un mote, simplemente un apodo, ni siquiera sé de dónde salió —dije. Fue la primera vez que me sentí rara con el nombre que Travis me había puesto la noche que nos conocimos. —Ya me lo explicarás cuando lo averigües. Parece una buena historia —sonrió Parker—. Buenas noches, Abby. —¿No quieres decir buenos días? —dije, mirándolo bajar las escaleras al trote. —Eso también —me contestó con una dulce sonrisa. Travis cerró la puerta de un portazo, y tuve que apartar la cabeza bruscamente hacia atrás para evitar que me pillara la cara. —¿Qué pasa? —le grité enfadada. Travis agitó la cabeza y se fue a su habitación. Lo seguí y luego fui saltando sobre un pie tras lanzar uno de mis zapatos de tacón. —Es muy majo, Trav. Suspiró y caminó hacia mí. —Te vas a hacer daño —dijo, cogiéndome la cintura con uno de sus brazos y quitándome el otro tacón con la otra. Lo lanzó al armario y luego se quitó la camisa en dirección hacia la cama. Me bajé la cremallera del vestido, me lo quité contoneándome por encima de las caderas y lo lancé con un pie a un rincón. Rápidamente me puse una camiseta y luego me solté el sujetador sacándolo a través de la manga. Mientras me recogía el pelo haciéndome un moño en el cogote, me di cuenta de que me estaba mirando. —Estoy segura de que no tengo nada que no hayas visto antes —dije poniendo los ojos en blanco. Me deslicé bajo la ropa de cama y me instalé en mi almohada haciéndome un ovillo. Se soltó el cinturón, se bajó los tejanos y se los quitó con un saltito. Esperé mientras él estaba de pie sin moverse por un instante. Le daba la espalda, así que me preguntaba qué estaba haciendo, de pie junto a la cama y en silencio. La cama se movió cuando finalmente se arrastró en el colchón junto a mí, y yo me puse rígida cuando su mano se posó en mi cadera. —He faltado a una pelea esta noche —dijo—. Adam llamó. No fui. —¿Por qué? —dije volviéndome hacia él. —Quería estar seguro de que volvías a casa. 74