MARAVILLOSO DESASTRE maravilloso_desastre | Seite 41

www.lecturaycinecr.blogspot.com salir. —Quería preguntaros por vuestros carnés de identidad. Son impecables. Por aquí no los consigues así. —Sí, los tenemos desde hace tiempo. Era necesario… en Wichita —dije. —¿Necesario? —preguntó Travis. —Es bueno tener contactos —dijo America. Se le escapó un hipido y se tapó la boca, mientras se reía tontamente. —Por Dios, mujer —dijo Shepley, cogiendo a America del brazo, mientras ella caminaba torpemente sobre la grava—. Creo que ya has tenido bastante por esta noche. Travis puso mala cara. —¿De qué estás hablando, Mare? ¿Qué contactos? —Abby tiene algunos viejos amigos que… —Son carnés de identidad falsos, Trav —le interrumpí—. Tienes que conocer a la gente adecuada si quieres que te los hagan bien, ¿no te parece? America apartó a propósito la mirada de Travis y esperó. —Sí —dijo él, extendiendo la mano para que le diera la mía. Lo cogí por tres dedos y sonreí, sabiendo por su expresión que mi respuesta no le había satisfecho. —¡Necesito otra copa! —dije, en un segundo intento de cambiar de tema. —¡Chupitos! —gritó America. Shepley puso los ojos en blanco. —Ah, sí. Eso es lo que necesitas, otro chupito. Una vez dentro, America me condujo inmediatamente a la pista de baile. Su cabellera rubia se movía por todas partes, y la cara de pato que ponía cuando se movía al ritmo de la música me hizo reír. Cuando la canción acabó, nos reunimos con los chicos en el bar. Al lado de Travis, se había plantado ya una rubia platino excesivamente voluptuosa, y la cara de America se retorció en una mueca de asco. —Será así toda la noche, Mare. Simplemente, ignóralas —dijo Shepley, señalando con la cabeza a un pequeño grupo de chicas que estaban a unos metros. Miraban a la rubia y esperaban su turno. —Parece que Las Vegas ha vomitado a una bandada de buitres —ironizó America. Travis se encendió un cigarrillo mientras pedía dos cervezas más; la rubia se mordió el labio recauchutado y brillante, y sonrió. El camarero abrió las botellas y se las acercó a Travis. La rubia cogió una de las cervezas, pero Travis se la quitó de la mano. —Eh…, no es para ti —le dijo, mientras me la daba a mí. Lo primero que se me ocurrió fue tirar la botella a la basura, pero la mujer parecía tan ofendida que sonreí y di un trago. Se largó enfadada y yo me reí entre 41