MARAVILLOSO DESASTRE maravilloso_desastre | Page 36

www.lecturaycinecr.blogspot.com acariciaban la piel al unísono. —No tengo mal genio. Se acercó mucho a mí y me susurró al oído: —No quiero acostarme contigo, Paloma. Me gustas demasiado. Después, siguió andando hacia el baño y me quedé allí de pie, estupefacta. Las palabras de Kara resonaban en mi cabeza. Travis Maddox se acostaba con todo el mundo; no podía evitar sentir que tenía algún tipo de carencia al saber que no mostraba el menor deseo ni siquiera de dormir conmigo. La puerta volvió a abrirse y America entró. —Vamos, arriba, ¡el desayuno está listo! —dijo con una sonrisa y sin poder reprimir un bostezo. —Te estás convirtiendo en tu madre, Mare —refunfuñé, mientras rebuscaba en mi maleta. —Oooh… Me parece que alguien no ha dormido mucho esta noche pasada —Travis apenas ha respirado en mi dirección —dije mordazmente. Una sonrisa de complicidad iluminó el rostro de America. —Ah. —Ah, ¿qué? —Nada —dijo ella, antes de volver a la habitación de Shepley. Travis estaba en la cocina, tarareando una melodía cualquiera mientras preparaba unos huevos revueltos. —¿Seguro que no quieres? —preguntó. —Sí, seguro. Gracias, de todos modos. Shepley y America entraron en la cocina, y Shepley sacó dos platos del armario, en los que Travis amontonó los huevos humeantes. Shepley dejó los platos en la encimera, y él y America se sentaron juntos para satisfacer el apetito, que, con toda probabilidad, se debía a lo que habían hecho la noche anterior. —No me mires así, Shep. Lo siento, simplemente no quiero ir —dijo America. —Pero, nena, en la fraternidad se celebran fiestas de citas dos veces al año —argumentó Shepley mientras masticaba—. Todavía queda un mes. Tendrás tiempo suficiente para encontrar un vestido y cumplir con todo el rollo ese de chicas. —Iría, Shep…, es muy amable por tu parte…, pero no conoceré a nadie allí. —Muchas de las chicas que asisten no conocen a mucha gente —dijo él, sorprendido por el rechazo. Ella se desplomó sobre la silla. —Las zorras de las fraternidades siempre van a esas cosas. Y todas se conocen…, será raro. —Vamos, Mare. No me hagas ir solo. 36