MARAVILLOSO DESASTRE maravilloso_desastre | страница 34

www.lecturaycinecr.blogspot.com —¿Qué? —preguntó él, mientras pasaba una página de mi libro. —¿Has asaltado una clínica? —No. ¿Por qué? Le quité el tapón al boli, incapaz de ocultar la expresión de asco de mi cara. —Por tu provisión de condones de por vida. —Mejor prevenir que curar, ¿no? Puse los ojos en blanco. Travis pasaba las páginas con una ligera sonrisa en los labios. Me leyó los apuntes, recalcando los puntos principales mientras me hacía preguntas y me explicaba pacientemente lo que no entendía. Después de una hora, me quité las gafas y me froté los ojos. —Estoy rendida. No puedo memorizar ni una sola macromolécula más. Travis sonrió y cerró mi libro. —De acuerdo. Me quedé quieta, sin saber cómo íbamos a arreglárnoslas para dormir. Travis salió de la habitación al pasillo y murmuró algo al pasar por delante de la habitación de Shepley, antes de abrir el agua de la ducha. Aparté las sábanas y, después, me cubrí con ellas hasta el cuello, mientras oía el agudo silbido del agua que corría por las tuberías. Diez minutos después, el agua dejó de caer y el suelo crujió bajo los pasos de Travis. Cruzó la habitación con una toalla alrededor de las caderas. Tenía tatuajes en lados opuestos del pecho, y unos dibujos tribales le cubrían los abultados hombros. En el brazo derecho, las líneas y símbolos negros se extendían desde el hombro hasta la muñeca, mientras que en el izquierdo se detenían en el codo, con una sola línea de texto en la parte inferior del antebrazo. Con toda la intención, me mantuve de espaldas cuando se colocó de pie delante de la cómoda, dejó caer la toalla y se puso un par de calzoncillos. Tras apagar la luz, se metió en la cama junto a mí. —¿Vas a dormir aquí? —le pregunté, dándome la vuelta para mirarlo. La luna llena que entraba por las ventanas arrojaba sombras sobre su cara. —Pues claro. Esta es mi cama. —Lo sé, pero… —Hice una pausa: las únicas opciones que me quedaban eran el sofá o el sillón. Travis sonrió y meneó la cabeza. —¿A estas alturas todavía no confías en mí? Me portaré bien, lo prometo —dijo, levantando unos dedos que, con toda seguridad, los Boy Scouts de América nunca habrían considerado usar. No discutí, simplemente me di media vuelta y apoyé la cabeza en la almohada, después de amontonar las sábanas detrás de mí para crear una clara barrera entre su cuerpo y el mío. —Buenas noches, Paloma —me susurró al oído. 34