MARAVILLOSO DESASTRE maravilloso_desastre | Page 177

www.lecturaycinecr.blogspot.com —Señor Maddox, ¿cree que podría reprimirse un poco hasta después de la clase? —dijo el profesor Chaney como reacción a las risitas que me provocaban los besos de Travis en el cuello. Me aclaré la garganta, mientras notaba que se me ruborizaban las mejillas de la vergüenza. —No estoy seguro, doctor Chaney. ¿Ha visto usted bien a mi chica? —dijo Travis, señalándome. Las risas resonaron por toda la sala y noté que me ardía la cara. El profesor Chaney me miró con una expresión entre divertida e incómoda, y después sacudió la cabeza en dirección a Travis. —Haga lo que pueda —dijo Chaney. La clase volvió a reírse, y yo me hundí en el asiento. Travis apoyó el brazo en el respaldo de mi silla y la clase continuó. Una vez hubo acabado, Travis me acompañó a mi siguiente clase. —Lo siento si te he hecho sentir incómoda. No puedo evitarlo. —Pues inténtalo. Parker se acercó y, cuando le devolví el saludo con una sonrisa educada, se le iluminaron los ojos. —Hola, Abby. Te veo dentro. Entró en el aula y Travis le lanzó una mirada asesina durante unos pocos tensos minutos. —Oye —le tiré de la mano hasta que me miró—, pasa de él. —Ha estado contando a los chicos de la Casa que sigues llamándolo. —Eso no es verdad —le dije, sin alterarme. —Lo sé, pero ellos no. Va diciendo que está esperando que llegue su oportunidad. Que tú solo estás aguardando el momento más adecuado para dejarme y que lo llamas para contarle lo desgraciada que eres. Está empezando a cabrearme. —Sí que tiene imaginación. —Miré a Parker y, cuando él se volvió hacia mí, lo fulminé con la mirada. —¿Te enfadarías si te avergonzara una vez más? Me encogí de hombros y Travis se apresuró a acompañarme dentro del aula. Se detuvo junto a mi mesa y dejó mi bolso en el suelo. Echó una mirada a Parker y después me atrajo hacia él. Me puso una mano en la nuca y la otra en el trasero; entonces me dio un beso profundo y decidido. Movió sus labios contra los míos del modo que solía reservar para su dormitorio, y no pude evitar cogerlo por la camiseta con ambos puños. Los murmullos y risitas se hicieron más fuertes cuando quedó claro que 177