www.lecturaycinecr.blogspot.com
—Esto es difícil para mí, ¿sabes? Siento que en cualquier segundo te vas a
dar cuenta del pedazo de mierda que soy y me vas a dejar. Ayer, mientras bailabas,
observé a una docena de tíos mirándote. Entonces te fuiste a la barra, y te vi dando
las gracias a ese tío por la copa. Después, a ese imbécil de la pista de baile no se le
ocurrió otra cosa que cogerte.
—Sí, pero yo no voy dando puñetazos a todas las chicas que hablan contigo.
Además, no puedo quedarme encerrada en el apartamento todo el tiempo. Vas a
tener que controlar ese mal carácter tuyo.
—Lo haré. Nunca antes había querido tener novia, Paloma. No estoy
acostumbrado a sentir esto por alguien…, por nadie. Si eres paciente, te juro que
encontraré el modo de manejarlo.
—Dejemos algo claro: no eres un pedazo de mierda, eres genial. Da igual
que alguien me invite a una copa o a bailar, o que intenten flirtear conmigo. Con
quien me voy a casa es contigo. Me has pedido que confíe en ti, pero tú no pareces
confiar en mí.
Frunció el ceño.
—Eso no es verdad.
—Si crees que te voy a dejar por el primer chico que aparezca, entonces es
que no tienes mucha fe en mí.
Me agarró con más fuerza.
—No soy lo bastante bueno para ti, Paloma. Eso no significa que no confíe
en ti. Solo me preparo para lo inevitable.
—No digas eso. Cuando estamos a solas, eres perfecto. Somos perfectos.
Pero después dejas que cualquiera lo arruine. No espero que cambies
completamente de la noche a la mañana, pero tienes que elegir tus batallas. No
puedes acabar peleándote cada vez que alguien me mire.
Él asintió.
—Haré todo lo que quieras. Solo… dime que me quieres.
—Sabes que es así.
—Necesito oírtelo decir —pidió, juntando las cejas.
—Te quiero —dije, mientras tocaba sus labios con los míos—. Ahora deja de
comportarte como un crío.
Él se rio y se metió en la cama conmigo. Pasamos la hora siguiente sin
movernos, bajo las sábanas, entre risas y besos, y apenas nos dimos cuenta de que
Kara había regresado de la ducha.
—¿Podrías salir? Tengo que vestirme —dijo Kara a Travis, mientras se
anudaba con más fuerza el albornoz.
Travis me besó en la mejilla y después salió al pasillo.
—Nos vemos en un segundo.
Me dejé caer sobre la almohada, mientras Kara rebuscaba en su armario.
164