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—¿ Quieres que vaya a coger el coche de Shep?— Mañana vamos a jugar a los bolos. ¿ No puedes esperar hasta entonces?— He pasado de estar contigo cada segundo del día a verte diez minutos si tengo suerte. Sonreí y sacudí la cabeza.— Solo han pasado dos días, Trav.— Te echo de menos. Sube el culo al asiento y vámonos. No pude discutir. Yo también lo echaba de menos. Más de lo que podría admitir jamás. Me subí la cremallera de la chaqueta, me senté detrás de él y deslicé los dedos en las presillas de sus tejanos. Me acercó las muñecas a su pecho y después las puso una encima de otra. Cuando creyó que lo abrazaba lo suficientemente fuerte, arrancó y salió despedido a toda velocidad calle abajo.
Apoyé la mejilla en su espalda y cerré los ojos, mientras respiraba su olor. Me recordó a su apartamento, a sus sábanas y a cómo olía cuando iba por su casa con una toalla anudada en la cintura. La ciudad se volvía borrosa a nuestro paso, y no me importaba lo rápido que conducía o el frío que me azotaba la piel; ni siquiera me fijaba en dónde estábamos. Solo podía pensar en su cuerpo contra el mío. No teníamos destino ni horario, y cruzábamos las calles mucho después de que todo el mundo, excepto nosotros, las hubiera abandonado. Travis se detuvo en una gasolinera y aparcó.—¿ Quieres algo?— me preguntó. Dije que no con la cabeza, mientras me bajaba de la moto para estirar las piernas. Me vio desenredarme el pelo con los dedos y sonrió.— Déjalo. Estás acojonantemente guapa.— Sí, parezco sacada de un vídeo de rock de los ochenta— respondí. Él se rio y después bostezó, mientras espantaba las polillas que zumbaban a su alrededor. La boquilla de la manguera tintineó y resonó con más fuerza de lo que debería en la calma de la noche. Parecía que éramos las únicas dos personas sobre la faz de la Tierra. Saqué el móvil y comprobé la hora.— Oh, Dios mío, Trav. Son las tres de la mañana.—¿ Quieres volver?— preguntó con gesto de decepción. Apreté los labios.— Sería mejor que sí.—¿ Sigue en pie lo de los bolos de esta noche?— Ya te he dicho que sí.— Y vendrás conmigo a la fiesta de Sig Tau dentro de un par de semanas,
¿ verdad?—¿ Insinúas que no cumplo mi palabra? Me parece un poco insultante. Sacó la manguera del depósito y la colgó en su base.
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