MARAVILLOSO DESASTRE maravilloso_desastre | страница 139

www.lecturaycinecr.blogspot.com —¿Seguís siendo solo amigos? —Solo amigos —apostillé de inmediato. Estábamos sentados a la mesa, compartiendo comida china para llevar. Fui sintiéndome más cómoda con él después de un rato, y me recordó lo encantador que era. Me sentía más ligera, casi presa de la risa tonta, lo que suponía un marcado cambio respecto a unas horas antes. Por mucho que intentara apartar la idea de mi mente, no podía negarme que la mejoría en mi humor se debía a mis planes con Travis. Después de cenar, nos sentamos en el sofá para ver una película, pero, antes de que los créditos iniciales hubieran acabado, Parker ya me había tumbado. Me alegré de haber elegido llevar tejanos; No habría sido capaz de esquivarlo tan fácilmente si me hubiera puesto un vestido. Sus labios bajaron por mi clavícula y su mano se detuvo en mi cinturón. Se esforzó torpemente por abrirlo y, una vez que lo consiguió, me escabullí de debajo de él y me levanté. —¡Muy bien! Me parece que eso es todo lo lejos que tu lanzamiento va a llegar está noche —dije, abrochándome el cinturón. —¿Qué? —¿Primera base…, segunda base? No importa. Es tarde, será mejor que me vaya. Se enderezó y me agarró por las piernas. —No te vayas, Abs. No quiero que pienses que esa es la razón por la que te he traído aquí. —Ah, ¿no lo es? —Por supuesto que no —dijo él, sentándome en su regazo—. Me he pasado las últimas dos semanas pensando en ti. Discúlpame por la impaciencia. Me besó en la mejilla y me incliné hacia él, sonriendo cuando su aliento me hizo cosquillas en el cuello. Me volví hacia él y apreté mis labios contra los suyos, intentando con todas mis fuerzas sentir algo, pero no fue así. Me aparté de él y suspiré. Parker frunció el entrecejo. —Ya te he dicho que me disculparas. —Y yo te he dicho que era tarde. Volvimos a Morgan, y Parker me estrechó la mano después de darme un beso de buenas noches. —Intentémoslo de nuevo. ¿Vamos mañana a Biasetti? Apreté los labios. —Mañana voy con Travis a jugar a los bolos. —¿El miércoles entonces? —Sí, el miércoles, genial —dije, con una sonrisa forzada. Parker se agitó en su asiento. Algo lo inquietaba. 139