MARAVILLOSO DESASTRE maravilloso_desastre | Page 118

www.lecturaycinecr.blogspot.com piensa que estuviste con los dos la misma noche. Toto se abrió camino con el hocico en mi regazo, y le rasqué detrás de las orejas. Travis alargó la mano para acariciarlo una vez, y después dejó su mano sobre la mía. —Lo siento. Me encogí de hombros. —Si se cree todo ese cotilleo, es cosa suya. —Es difícil que piense otra cosa después de vernos juntos en la cama. —Sabe que estoy instalada en tu casa. Y estaba totalmente vestida, por Dios santo. Travis suspiró. —Probablemente estaba demasiado cabreado para darse cuenta. Sé que le gustas, Paloma. Debería habérselo explicado. Te lo debía. —No importa. —¿No estás enfadada? —preguntó él, sorprendido. —¿Por eso estás tan disgustado? ¿Pensabas que me enfadaría contigo cuando me dijeras la verdad? —Deberías estarlo. Si alguien por su cuenta y riesgo hundiera mi reputación, estaría un poco cabreado. —Pero si a ti te dan igual las reputaciones. ¿Qué ha pasado con el Travis al que le importa una mierda lo que piense todo el mundo? —dije para hacerlo rabiar, mientras le daba un suave codazo. —Eso fue antes de que viera la mirada que pusiste cuando oíste lo que todo el mundo decía. No quiero que te hieran por mi culpa. —Nunca harías nada que me hiriera. —Antes me cortaría el brazo —suspiró él. Apoyó la mejilla contra mi pelo. No sabía qué responder. Travis parecía haber dicho todo lo que necesitaba, así que nos quedamos allí sentados en silencio. De vez en cuando, Travis me apretaba con más fuerza contra él. Yo le agarré de la camiseta, sin saber de qué otro modo podía hacer que se sintiera mejor, además de dejándole que me abrazara. Cuando el sol empezó a ponerse, oí un débil golpe en la puerta. —¿Abby? —La voz de America sonaba tenue al otro lado de la madera. —Entra, Mare —respondió Travis. America entró con Shepley, y sonrió al vernos el uno en brazos del otro. —Íbamos a salir a comer algo. ¿Os apetece ir al Pei Wei? —Uf… ¿Asiático otra vez, Mare? ¿De verdad? —preguntó Travis. Sonreí. Volvía a ser el de siempre otra vez. America también se había dado cuenta. —Sí, de verdad. ¿Venís o no, chicos? 118