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Del 13 al 17 de agosto de 2026, Tesistán, en Zapopan, Jalisco, celebra la edición número 28 de su tradicional Feria del Elote, una festividad donde la plaza principal y sus alrededores se convierten en un escaparate dedicado a uno de los ingredientes fundamentales de la cocina mexicana. El Gobierno de Zapopan informó que participan más de 120 comercios con productos gastronómicos y artesanales. Las estimaciones municipales contemplan más de 150 mil asistentes durante los cinco días, una dimensión que convierte a la feria en algo más que una celebración local: también representa una importante plataforma económica para comerciantes y productores de la región.
Una mazorca, decenas de posibilidades El atractivo está precisamente en descubrir hasta dónde puede llegar un ingrediente aparentemente cotidiano. El elote aparece asado, cocido, acompañado con limón, chile, queso o crema, pero también transformado en tamales, panes, postres, bebidas y distintas preparaciones que muestran la enorme
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versatilidad del maíz tierno. La feria funciona así como un pequeño laboratorio popular de creatividad culinaria: las recetas tradicionales conviven con interpretaciones contemporáneas y cada puesto encuentra una manera diferente de trabajar el mismo producto. La celebración incorpora además música en vivo, artesanías y actividades familiares, haciendo de la gastronomía el punto de encuentro de una experiencia cultural más amplia.
El ingrediente que explica una cocina Celebrar al elote inevitablemente conduce a una historia mayor: la del maíz. México es centro de origen y diversificación de este cultivo y conserva al menos 59 razas nativas, de acuerdo con información de la Secretaría de Agricultura. Su presencia atraviesa prácticamente todo el repertorio culinario nacional: tortillas, tacos, tamales,
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pozole, esquites, tlacoyos y tlayudas son apenas algunas de sus expresiones. No sorprende, entonces, que las ferias del elote continúen apareciendo en diferentes regiones del país. Estos festejos permiten observar algo que fácilmente pasa inadvertido en la vida cotidiana: detrás de uno de los alimentos más habituales de México existe una biodiversidad excepcional y generaciones de conocimiento agrícola.
Del festejo popular al patrimonio gastronómico El valor de estas celebraciones tampoco debe medirse únicamente por el número de visitantes. Una feria gastronómica crea un espacio donde productores pueden comercializar directamente su cosecha, cocineros encuentran público para sus recetas y las nuevas generaciones descubren preparaciones que forman parte de la memoria culinaria de sus comunidades.
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Manos al Carbón |