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1. El amor al Sagrado Corazón debe estar acompañado de paz interior.
Sabiendo la Beata87 que el demonio procura, ayudado principalmente de
la turbación desalentar a los que quieren unirse al Corazón de Jesús por los lazos
del perfecto amor, les recomienda con las mayores instancias guardar la paz
interior y evitar las inquietudes.
Ella escribe a una de sus hermanas, a quien el temor de no andar por la
senda del puro amor traía turbada: “Ruego al Corazón de Jesús que establezca
para siempre en nuestros corazones su reinado de amor y de paz 88 : Mi
amadísima hermana, mi corazón ha bendecido, con todo el afecto de que es
capaz, a nuestro amable Jesús cuando, al leer vuestra carta, este divino Maestro
me ha descubierto tantas misericordias y gracias, con las cuales previene a
vuestra querida alma. Porque muy lejos de haber notado nada malo en todo lo
que me decís, veo tan sólo motivos para alabar su bondad y la amorosa
dirección que tiene con vos para que lleguéis al fin que pretende, que es
establecer en vuestro corazón el imperio de su puro amor, para que reinéis
eternamente en el cielo, como lo espero.
Mas ¡Ay Dios mío!, mi querida amiga, ¿será menester que os diga que una
sola cosa me aflige en vuestro escrito? Ésa es, que no vea bastante abandono y
confianza. Y sin embargo, creo que nuestro buen Maestro exige ante todo eso
de vos.
No me digáis que no tenéis amor89 ; yo os digo que sí le amáis, pero tenéis
siempre demasiado temor. Me parece haberos dicho ya que Nuestro Señor no
aprueba ese temor; pues quiere de vos ciega y filial confianza. Puesto que os
ama, ¿qué teméis, sino el no darle el retorno de amor que quiere de vos, y que
consiste en este perfecto abandono y olvido de vos misma?.
[Sí], me atrevo a decíroslo: El Sagrado Corazón de Nuestro Señor Jesucristo
no os abandonará jamás, sino que tendrá cuidado particularísimo de vos a
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Véase el tomo III de esta obram parte tercera, cap. VI. La paz interior.
Carta 76 a la hermana de la Barge, pág. 146.
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Cartas 86 y 118.
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