Los omniscientes N°8, Febrero 2015 | Page 50

progresivamente, la pelirroja de los tatuajes estaba casada reciente y felizmente, y no había mucho más que hablar…se fue antes que yo, al día siguiente volvía a Andorra, me quedé mirando como un lelo el reguero de luces que parpadeaba en la superficie del agua, y entonces una vocecilla aflautada me preguntó la hora, era la niña que me sonreía y se atusaba el cabello negro con las manos…aguanté la risa, le dije las seis y cuarto, y la niña volvió a su toalla satisfecha, sin soltarse el cabello, estaba practicando, la muy golfilla estaba practicando, me giré para que no viera los esfuerzos que tenía que hacer para no partirme de risa, tampoco quería herirla…tranquila, pensé, no te precipites, aún es pronto, hay tiempo para todo, ya te llegará el momento en que los hombres te pregunten cosas en la playa, ¿y quién sabe? Quizás encuentres algún rollo de verano, quizás encuentres al hombre de tu vida, quizás encuentres a un desconocido que te cuente cosas que no te importen lo más mínimo.

ALEX VARGAS (ESPAÑA)

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