DENUEDOS
De los tesoros,
es el anhelo codiciado,
benigna caridad
dulce y paciente,
de los humanos es la semblanza,
las almas son hostias consagradas,
¡oh! divina grandeza,
del bien que ansío.
He puesto los ojos al cielo,
en divinos sueños inflamados,
si eres lirio
nacida en desnudez,
si es centella el amor,
el tuyo es fuego,
mi ardor ante tu ardor,
es infinito,
y por fuerza el espíritu encaminas
con tu nombre
hasta las alturas,
me entrego y me concedes tu alma,
porque jamás
pueda vencerte,
son vasos de gloria tus miradas.
- ¿A qué más anhelar, si ya tu puedes,
si lo quieres, mi bien, darme la vida? -
Jorge Mariano Camacho Sarmiento (Pamplona, Colombia).