El alma que se vende está vacía de emoción, está rota por sus actos que hicieron daño al amor. El alma que se vende lo hace al mejor postor, si es al diablo que sepa que ya no sacará de ella más dolor.
El alma se vende porque no cumplió su misión: hacer del hombre un camino y no hacerlo un error.
Se vende alma, y que sepa el comprador, que el alma que se lleva quiso ser de Dios
Juan Antonio Carrasco Lobo (España)