Los omniscientes N°2, Agosto 2014 | Page 44

nombre de mi hermana, pero no había nadie allí para escucharme.

Supongo que fui drogada nuevamente, ya que mis próximos recuerdos se sitúan otra vez en esa habitación en la que había un vaivén de desconocidos.

En pocos segundos reaccioné al escuchar varios tiros, la sirena de un patrullero y el grito de otras mujeres. Me arrastré hasta la puerta y pedí auxilio con las pocas fuerzas que me quedaban.

Al rato, apareció un policía que me levantó y me sacó fuera de ese maldito lugar. En la puerta había un cadáver. Yo conocía esos bucles castaños que asomaban de la bolsa de nylon que cubría el cuerpo…

- ¡Julieta! ¡Julieta!

Mis gritos iban tomando mas fuerza hacia afuera mientras se volvían más débiles por dentro…

-¡Julieta! ¡¡¡Noooo!!!

Desde aquel día despierto en mi encierro, nunca más podré cruzar las puertas de este lugar…

Natalia Porcel ( Buenos Aires, Argentina)

http://nataliaporcel.blogspot.com/