Cuentos
300 años de historia me contemplan. /Estefania Farias ( Española residente en Paises Bajos)
Observaba con detenimiento el muro de piedra seca que bordeaba la casa grande y sonreía pensando: 300 años de historia me contemplan. Quien le iba a decir dos años antes que heredaría la casa familiar de su mujer y la de los ancestros. La primera con cien años de vida, la segunda con 300 de historia. Con dintel de piedra, artesonados de madera. Se erguía orgullosa junto a la casa grande, más pequeña pero más curtida. Más espectacular. Luego vinieron las sorpresas. Una caja fuerte del tamaño de una habitación del pánico, construida por los suegros en el primer piso, comprometía la estabilidad del edificio. Un recuerdo de otra época que solo contenía polvo y arañas. Las escaleras de madera que conducían al piso superior cedían y se quejaban ante la insistencia de los habitantes por internarse en el territorio de aquel bisabuelo cura. El que guardaba celosamente una colección de armas incautadas a los contrabandistas de la región en una pequeña caja fuerte de hierro fundido. La nostalgia les hizo conservarlas y mantenerlas ocultas de curiosos. Incluso resultaban de utilidad para espantar a los ladrones. Esos que al amparo de la oscuridad se internaban en la casa aprovechando el mal estado de las cerraduras. Los techos habían ido combándose por el peso de la lluvia y de la dejadez hasta perder su función original. Hermosa por fuera, maldita por dentro. La decisión no fue difícil de tomar. Ahora él hace una sesión de Chi Kung pidiendo energía a la luna que le contempla sobre el solar que una vez cobijó una casa con 300 años de historia. Sonríe porque tiene un muro de piedra seca.
Estefanía Farias
Española residente en Almere (Paises Bajos)