Los omniscientes N°11, Mayo 2015 | Page 32

no se muere nadie, si el alma no se va al cielo, entonces voy a pensar que cuando todo se termina es como uno lo imagina y nada más. Pero si alma sí se va al cielo, igual que en la imaginación, la vida es eterna. Y mientras, en esta tierra mundana con fecha de vencimiento, nos quedan de los muertos sus gestos, sus ideas, sus ideales, sus formas, sus maneras, el eco de sus voces, los estrépitos de sus palmas y zapatos, sus perfumes impregnados para siempre en alguna camiseta o falda. Entonces que me quiero morir, para ser el pensamiento de todos los hombres que me vieron pasar, silbando bajito una canción. Entonces que me quiero envenenar... pero en ese medio segundo de vida, donde quiero matarme, es cuando creo yo que vale la pena seguir vivo y adelante, paso a paso un peldaño y otro peldaño más hacia arriba, regresando de las tierras sucias y ardientes, en pos de un regreso, verdadero, cual Mero... Un regreso que pueden ser mil regresos. Un regreso glorioso, aún la agonía de vivir en las alturas terrenas. Pero cuando creo yo que ya fuerzas no me quedan, es, exactamente en ese "flash" de crueldad, donde con una pluma y una hoja en blanco, escribo la misericordia de mi alma, entonces que me devuelvo el cielo.

DIEGO FERNANDO MARINO

BUENOS AIRES, ARGENTINA