Los omniscientes N° 5 , Noviembre 2014 | Page 42

Vicky

Busco con mirada cansada el retrato de mi exmujer, antes de recordar que lo estrellé contra el suelo durante una de las interminables fiestas de mi hija. Fue un acto liberador, pero no me salvó por mucho tiempo de los accesos de melancolía. Cada vez me despierto más temprano, sobre todo los domingos, no sé si lo hago para mostrarle una alternativa a su conducta o por representar tristemente el papel de mudo dedo acusador. Las llaves chasquean en la cerradura y la puerta se abre. Como de costumbre no saluda, va derecha a la cocina a beber algo de zumo. A veces ni se acuerda de volverlo a meter en la nevera. Voy hacia la cocina, sin ganas de conflicto, simplemente a constatar con mis propios ojos lo que he visto tantas veces.

-Hola Vicky.

-Hola papá.

Me da la espalda, bebe su zumo a pequeños sorbos, con una mano apoyada en el borde de la pica. Deja espacio para que yo pueda llenar un vaso de agua.

-Dame un beso al menos. ¿No es un poco tarde para volver a casa?

-Es que hemos ido a desayunar.

Se gira y me besa, ahora su pelo es azul, de espaldas es rojo; veo sus ojos agrandados y brillantes como dos focos y sus mandíbulas tensas y apretadas.

-Me voy a la habitación.

No falla, es como un reloj, cada sábado la misma historia. ¿Y cómo esconder ciertas cosas a una persona nacida en 1965…? Se podía engañar a los padres de posguerra, los de la siguiente generación tuvimos información de primera mano. Y si su madre estuviera aquí, ¿qué haría? ¿Actuaría, trataría de meterla en cintura, o se lavaría las manos…? Vaya pregunta más estúpida...desde la butaca del salón escucho el ritmo apagado pero machacón de su música preferida, ahora fumará y fumará hasta que le entre el sueño, y yo seguiré aquí, sentado, haciéndome preguntas más o menos estúpidas…luchando por buscar la calma, y para que este pacto de silencio que nadie acordó no me sofoque y se desborde, ahogándonos a los dos.

http://alejandrovargassanchez.blogspot.com