LOS OJOS DEL PERRO SIBERIANO los ojos del perro siberiano | Page 15
Tincho_1712
VIII
Ezequiel me observó un buen rato y después siguió acariciando a Sacha.
PorquetengoSIDAporquetengoSIDAporquetengoSIDA. La frase me retumbaba en la
cabeza. PorquetengoSIDAporquetengoSIDAporquetengoSIDA. Yo tenía la boca abierta
y una expresión de alelado total.
—¿Cómo te contagiaste? —pregunté en un hilo de voz.
Me miró fijo. Tenía un brillo en los ojos que yo conocía bien. En ese momento me di
cuenta cuánto se parecía a mi padre. Mucho más de lo que cualquiera de los dos
fueran capaces de admitir.
—Bien, bien, bien. Por fin nos sinceramos. Acá tenemos a un futuro criador de perros.
¿Te mandó tu padre? —hizo silencio un momento, yo no me sentía capaz de balbucear
nada.
—¿Acaso tiene importancia cómo me contagié? —continuó—. Digno representante
familiar hacer una pregunta tan imbécil. ¿Qué estás esperando que te diga? ¿Qué soy
homosexual? ¿Drogadicto? ¿Qué me contagió el dentista? ¿Eh? ¿Vos creés que eso
tiene alguna importancia? Lo único que realmente tiene importancia, es que me voy a
morir, que no sé cuánto tiempo de vida tengo. Y que por más que viva eternamente
nunca voy a poder tener una vida normal.
"Estás siendo injusto conmigo", pensé, "me escapé de casa para venir a verte, vos
sabés muy bien qué me puede pasar si papá se entera que estoy acá. Soy tu
hermano, no tenés derecho a hablarme así. No te quería ofender, en serio, no sabía
que hablar de esto te molestaba. Discúlpame. ¿Homosexual, drogadicto? ¿De qué
estás hablando? No te quería molestar".
Pero dije: —Mejor me voy.
Y me fui.