los desastres de la guerra DESASTRES DE LA GUERRA - Goya- | Page 194
bre una sociedad diezmada, donde la guerra no ha servido más que para
la destrucción y el atraso. Como tantas veces en la historia, nada parece
haberse aprendido en el terreno cultural o político. Prueba de ello es esta
plancha.
Aun cuando no sabemos exactamente su intención, que algunos crí-
ticos la relacionan con los actos procesionales de acción de gracias tras el
fin de la guerra, lo que apreciamos es un cortejo, donde una imagen de un
“santo” (?), probablemente con sus reliquias, tan acendradas en la cultura
popular por el comecocos de la Iglesia, es transportada por un asno mien-
tras unos fieles se postran en actitud orante. Lo que no parece dejar lugar
a dudas es que a Goya le parece como mínimo extraña devoción. El hecho
de humillarse ante un cadáver reliquia no parece que sea de su agrado. No
hay que olvidar que ya ha realizado Los Caprichos y en ellos ha fustigado
supercherías, nada de extraño que viera en esa procesión macabra un obje-
to de crítica.
Para enfatizar su extrañeza, lo absurdo del hecho, Goya elimina
cualquier referencia a eclesiásticos, dejando solamente un burro que cami-
na con la reliquia de un muerto. Es a ese burro reliquiado y solitario ante el
que se postran humildes y orantes las gentes del pueblo; una de ellas incluso
está de bruces contra el suelo con lo que su gesto es aún más humillante y
ridículo No hay más referencias que estorben. El hecho directo y su absurdo,
su extrañeza. Nada más, nada menos.
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