Los cuadernos G y H de Burdeos CUADERNOS G Y H BURDEOS REVISADO | Page 58
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su preocupación por la situación de estos marginados sociales a los que ya se comienza a recluir en
condiciones miserables en centros de tratamiento que más parecen cárceles que lugares de trata-
miento de conductas no oficiales. Sabemos, sin embargo, que en Burdeos había un centro que trataba
de aplicar métodos más sofisticados y más higiénicos comenzándoles a considerar como enfermos.
Da la sensación que a Goya le perturba tanto esa anomalía síquica que genera comporta-
mientos “extraños” o de atontamiento y exclaustramiento fuera de la realidad circundan-
te e incluso agresivos, que se ve impelido a tratarlo en sus obras una y otra vez. Su reflexión
profunda sobre los seres humanos y sus comportamientos le obliga a explicarse qué suce-
de tras esos seres y eso le lleva a dibujarlos. Como hombre ilustrado, sensible, crítico, ob-
servador de las conductas tanto individuales del hombre o la mujer, solos o en grupos, nos
va a traer imágenes que nos ayuden a comprender, tolerar, al diferente por el hecho sim-
ple de que es también ser y fijarnos en él/ellos con una mirada cuando menos comprensiva.
Viene ya de un largo recorrido de observación y reflexión y ahora en Burdeos, rondan-
do los ochenta años, sigue en sus trece, en sus preocupaciones y es por ello que nos dará una
serie de títulos genéricos sobre seres en locura, seres que habitan y sienten de manera distin-
ta, no normal y es esa conducta no habitual la que es objeto de su atención. No juzga, mues-
tra. En ocasiones además hay conmiseración hacia esos seres, como lo tendrá frente a las
mujeres maltratadas por sus maridos (G-13) o que las obligan a vivir bajo siete llaves (G-8).
En esta ocasión Goya nos presenta a un hombre en su celda, probablemente un sótano dado
lo que parecen escalones en la parte inferior de la izquierda. El hombre con las ropas en ha-
rapos parece blandir un palo y se muestra tras un rostro desencajado agresivo. Esa preocu-
pación por la conducta o violenta o ensimismada en un silencio interior que sobrecoge sue-
len ser los dos polos en los que se mueven esta serie de dibujos bordeleses dedicados a locos.
El dibujo es muestra más irrefutable de la capacidad de expresión de todo tipo con que dota a los
rostros según lo que quiera contarnos en ese instante.