Los cuadernos G y H de Burdeos CUADERNOS G Y H BURDEOS REVISADO | Page 52

52 carga se tratara y de la misma manera la trata, mientras ella doblada bajo su peso intenta soste- nerlo y caminar bajo el castigo del látigo y en el suelo se adivina una silueta de una escoba.. Goya vuelve a darnos una nueva lección de sus sentimientos en la relación de pareja como ya había realizado en algunos de sus grabados y comentado en una de sus cartas a Zapater que “la casa es la sepultura de las mujeres”. Es cierto que algunas de sus alegorías entran en la representación tradicional de la utilización de la mujer propias del mundo barroco y la mitología clásica, como tiene también posiciones típicas de la época en su referencia a la condición voluble de la mujer, pero también es cierto que en la medida que va cambiando hacia el pensar y sentir de un hombre ilustrado, maldice la violación, alaba su coraje en las guerras, su bondad como madre, su laboriosidad constante y en las situa- ciones límites, como en este caso, denuncia el mal trato y el hecho de que el hombre esté por encima de la mujer utilizándola como animal al que puede incluso dar latigazos. Este es por tanto un dibujo de su posición moral frente al maltrato femenino dentro del matri- monio, donde se presuponía que el marido tenía derechos ancestrales sobre su esposa. Si unimos este dibujo frente al número (G-8) donde critica la imposibilidad de que el amante pueda acceder a la mujer que corteja por los candados maritales, podemos concluir al menos que Goya ve con buenos ojos un trato igualitario con la mujer en esta etapa de su vida. Una etapa en la que está conviviendo con una mujer separada cuarenta y dos años más joven que él y con sus dos hijos de 9 (Rosarito) y 14 (Guillermo) años. En cuanto a la demostración del gran dibujante que es, baste con fijarnos en el gesto y la posición humillada y sumisa de la mujer y en la cara violenta y llena de mala leche del hombre. Esa ma- nera de captar emociones, actitudes, sentimientos que alcanzan en Goya la categoría de maestro en cuanto a dibujante y de observador privilegiado y agudo del ser humano y sus circunstancias.