“Nosotras no somos verdaderas jícaras, sino almas. Éste es el infierno
y nosotras estamos aquí porque enterramos dinero antes de morir. Cuanto
te vayas de aquí, no pidas tu pago en dinero, di que te regalen una jícara”.
El hombre acabó su trabajo en el infierno y le pidió a su patrón una
jícara seca en pago de lo que había hecho. Y esa jícara seca le dijo dónde
había enterrado su dinero. Así, el hombre fue muy rico, y el alma de
aquélla quedó libre.
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