saberlo todo sobre todo el mundo. Eres un arma que dispara preguntas:
“¿Dónde estabas?” “¿Con quién? “¿Qué hacías?”
Te regalan la tendencia a volverte loca. A menudo, piensas que tu móvil
está sonando y te tomas un berrinche buscándolo. Al fin, no has recibido
ninguna llamada. Te regalan también un fuerte síndrome de abstinencia y
cuando no tienes señal, te sientes huérfano, abandonado.
Además, cuando te regalan un móvil, te regalan un mundo de
incomunicación: cuando estás con tus amigos y prefieres mirar tu móvil:
estáis juntos sin estar juntos. Así - por encima cuando estás con tu familia -
te regalan la falta de respeto. Te vuelves egoísta. No solo te regalan un
móvil, sino también una pérdida de tiempo. Imagina todas las horas que
pasas mirando la pantalla en vez de vivir tu vida.Te regalan la vergüenza
que suene en clase y que el profesor te lo quite por el reglamento y tienes
que ir a buscarlo después al despacho de tu consejero del instituto. Te
regalan el miedo a perderlo y a recibir una bronca, el deber de responder
cuando tu madre te llama si no le da un ataque de nervios, la obligación
de no romperlo y tampoco perderlo porque tu madre te mata.
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