Literatura BDSM El Límite del Placer ( Eve Berlín ) | Page 57

alabastro era inmaculada, con un ligero rubor rosado en las mejillas y una constelación de pecas. Era hermosa. Tenía ganas de sacarle ese rubor a la superficie, en todo su esbelto cuerpo. El rubor del deseo. La rojez de un trasero bien azotado. Se le puso dura de solo pensarlo. «Control.» —¿Has cenado bien, Dylan? —Sí, mucho. Gracias. —No te entretendré mucho. Te quiero descansada esta semana. Ya hablaremos de lo que sucederá en el Pleasure Dome el sábado por la noche. —Ah. Ese ligero rubor se enrojeció un poco más y se le dilataron las pupilas. Ella miró alrededor, preguntándose tal vez si alguien alcanzaba a oírles. A él no le importaba pero bajó la voz. —¿Entiendes qué son las palabras de seguridad, Dylan? —Creo que sí. —Tu palabra de seguridad es «amarillo» si quieres que baje el ritmo o si hay algo que crees que es demasiado. Si necesitas un descanso, beber agua o si te entra el pánico. Si notas en tu cuerpo una sensación de gran incomodidad. Iré comprobando la circulación si te ato; cosa que probablemente haga. Ahora Dylan empezaba a palidecer. No pasaba nada. No le importaba que se alarmara un poco por la realidad de lo que iban a hacer. De hecho, le complacía. El pene le dio un pequeño tirón. Él siguió hablando. —«Rojo» significa que quieres que pare. La escena terminará. Si estás atada, te desataré inmediatamente. Cortaré las cuerdas si es necesario. Yo nunca discutiré nada de eso contigo. De esta manera, tú tienes la última palabra y estarás siempre a salvo conmigo. ¿Lo entiendes? Vio que tragaba saliva y se le movía la nuez. —Sí. —También debes saber que no juego sin contacto sexual. No hace falta que te acuestes conmigo, claro. Pero si te opones a que te toque, a estar desnuda, dímelo ahora y lo dejaremos aquí. La estimulación sexual puede ayudarte a