Literatura BDSM Cincuenta sombras más oscuras | Seite 342
—Si me necesitas… Lo digo en serio —murmura.
—Lo sé. Gracias, Christian. Te quiero.
Noto que sonríe al otro lado del teléfono. Me lo he vuelto a ganar.
—Yo también te quiero, nena.
Ah, ¿me cansaré alguna vez de que me diga esas palabras?
—Hablamos después.
—Hasta luego, nena.
Cuelgo y echo un vistazo al despacho de Jack. Mi despacho. Dios santo…
Anastasia Steele, editora en funciones. ¿Quién lo habría dicho? Debería pedir más
dinero.
¿Qué pensaría Jack si se enterara? Tiemblo al pensarlo, y me pregunto
vagamente qué estará haciendo esta mañana; obviamente, no está en Nueva York como
esperaba. Entro en mi nuevo despacho, me siento en el escritorio y empiezo a leer la
descripción del trabajo.
A las doce y media, me llama Elizabeth.
—Ana, necesitamos que vengas a una reunión a la una en punto en la sala de
juntas. Asistirán Jerry Roach y Kay Bestie… ya sabes, el presidente y el
vicepresidente de la empresa, y todos los editores.
¡Maldición!
—¿Tengo que preparar algo?
—No, es solo una reunión informal que tenemos una vez al mes. E incluye
la comida.
—Allí estaré.
Cuelgo.
¡Madre mía! Reviso la lista actualizada de los autores de Jack. Sí, estoy
familiarizada con casi todos. Tengo los cinco manuscritos cuya publicación ya está en
marcha, y otros dos que deberíamos pensar seriamente en publicar. Respiro
profundamente: no puedo creer que ya sea hora de comer. El día ha pasado muy rápido
y eso me encanta. He tenido que asimilar tantas cosas esta mañana. Una señal acústica
en mi calendario me avisa de que tengo una cita.
¡Oh, no… Mia! Con tantas emociones me había olvidado de nuestro
almuerzo. Busco mi BlackBerry y trato de encontrar a toda prisa su número.
Suena mi teléfono.
—Es él, está en recepción —dice Claire en voz baja.
—¿Quién?
Por un segundo, pienso que puede ser Christian.
—El dios rubio.
—¿Ethan?
Oh, ¿qué querrá? Inmediatamente me siento culpable por no haberle
llamado.