Literatura BDSM Cincuenta sombras liberadas | Page 414
Conozcamos a Cincuenta Sombras
Lunes, 9 de mayo de 2011
el umbral mi oficina.
M añana —murmuro paraaldespedir a Claude Bastille, que está de pie enarrogancia,deporque sabe que tiene
—Grey, ¿jugamos
golf esta semana? —Bastille sonríe con
asegurada la victoria en el campo de golf.
Se gira y se va y yo le veo alejarse con el ceño fruncido. Lo que me ha dicho antes de irse solo echa sal en
mis heridas, porque a pesar de mis heroicos intentos en el gimnasio esta mañana, mi entrenador personal me
ha dado una buena paliza. Bastille es el único que puede vencerme y ahora pretende apuntarse otra victoria en
el campo de golf. Odio el golf, pero se hacen muchos negocios en las calles de los campos de ese deporte, así
que tengo que soportar que me dé lecciones ahí también… Y aunque no me guste admitirlo, Bastille ha
conseguido que mejore mi juego.
Mientras miro la vista panorámica de Seattle, el hastío ya familiar se cuela en mi mente. Mi humor está tan
gris y aburrido como el cielo. Los días se mezclan unos con otros y soy incapaz de diferenciarlos. Necesito
algún tipo de distracción. He trabajado todo el fin de semana y ahora, en los confines siempre constantes de
mi despacho, me encuentro inquieto. No debería estar así, no después de varios asaltos con Bastille. Pero así
me siento.
Frunzo el ceño. Lo cierto es que lo único que ha captado mi interés recientemente ha sido la decisión de
enviar dos cargueros a Sudán. Eso me recuerda que se supone que Ros tenía que haberme pasado ya los
números y la logística. ¿Por qué demonios se estará retrasando? Miro mi agenda y me acerco para coger el
teléfono con intención de descubrir qué está pasando.
¡Oh, Dios! Tengo que soportar una entrevista con la persistente señorita Kavanagh para la revista de la
facultad. ¿Por qué demonios accedería? Odio las entrevistas: preguntas insulsas que salen de la boca de
imbéciles insulsos, mal informados e insustanciales. Suena el teléfono.
—Sí —le respondo bruscamente a Andrea como si ella tuviera la culpa. Al menos puedo hacer que la
entrevista dure lo menos posible.
—La señorita Anastasia Steele está esperando para verle, señor Grey.
—¿Steele? Esperaba a Katherine Kavanagh.
—Pues es Anastasia Steele quien está aquí, señor.
Frunzo el ceño. Odio los imprevistos.
—Dile que pase —murmuro consciente de que sueno como un adolescente enfurruñado, pero no me
importa una mierda.
Bueno, bueno… parece que la señorita Kavanagh no ha podido venir… Conozco a su padre: es el
propietario de Kavanagh Media. Hemos hecho algunos negocios juntos y parece un tipo listo y un hombre
racional. He aceptado la entrevista para hacerle un favor, uno que tengo intención de cobrarme cuando me