Literatura BDSM Cincuenta sombras liberadas | Page 408
—Sí —dice Christian, y le da un beso en la frente a nuestro precioso bebé bajo la mata de pelo oscuro.
Theodore Raymond Grey está completamente ajeno a todo, con los ojos cerrados y su grito anterior olvidado.
Se ha quedado dormido. Es lo más bonito que he visto en mi vida. Es tan precioso que empiezo a llorar.
—Gracias, Ana —me susurra Christian, y veo que también hay lágrimas en sus ojos.
—¿En qué piensas? —me pregunta Christian levantándome la barbilla.
—Me estaba acordando del nacimiento de Ted.
Christian palidece y me toca el vientre.
—No voy a pasar por eso otra vez. Esta vez cesárea programada.
—Christian, yo…
—No, Ana. Estuve a punto de morirme la última vez. No.
—Eso no es verdad.
—No. —Es categórico y no se puede discutir con él, pero cuando me mira los ojos se le suavizan—. Me
gusta el nombre de Phoebe —susurra y me acaricia la nariz con la suya.
—¿Phoebe Grey? Phoebe… Sí. A mí también me gusta. —Le sonrío.
—Bien. Voy a montar el regalo de Ted. —Me coge la mano y los dos bajamos la escalera. Irradia
entusiasmo; Christian ha estado esperando este momento todo el día.
—¿Crees que le gustará? —Su mirada dudosa se encuentra con la mía.
—Le encantará. Durante unos dos minutos. Christian, solo tiene dos años.
Christian acaba de terminar de montar toda la instalación del tren de madera que le ha comprado a Teddy
por su cumpleaños. Ha hecho que Barney de la oficina modificara los dos pequeños motores para que
funcionen con energía solar, como el helicóptero que yo lo regalé a él hace unos años. Christian parece
ansioso por que salga por fin el sol. Sospecho que es porque es él quien quiere jugar con el tren. Las vías
cubren la mayor parte del suelo de piedra de la sala exterior.
Mañana vamos a celebrar una fiesta familiar para Ted. Van a venir Ray y José además de todos los Grey,
incluyendo la nueva primita de Ted, Ava, la hija de dos meses de Elliot y Kate. Estoy deseando encontrarme
con Kate para que nos pongamos al día y ver qué tal le sienta la maternidad.
Levanto la mirada para ver el sol hundiéndose por detrás de la península de Olympic. Es todo lo que
Christian me prometió que sería y al verlo ahora siento el mismo entusiasmo feliz que la primera vez. El
atardecer sobre el Sound es simplemente maravilloso. Christian me atrae hacia sus brazos.
—Menuda vista.
—Sí —responde Christian, y cuando me giro para mirarle veo que él me observa a mí. Me da un suave
beso en los labios—. Es una vista preciosa —susurra—. Mi favorita.
—Es nuestro hogar.
Sonríe y vuelve a besarme.
—La quiero, señora Grey.