Literatura BDSM Cincuenta sombras liberadas | Seite 390
—Cierto —susurro.
De repente cambia de postura y se tumba con la cabeza apoyada en mi vientre. Cierra los ojos y parece
satisfecho. Yo enredo los dedos en su pelo.
Él suspira profundamente, después frunce el ceño y mira el número que aparece en la pantalla de su
BlackBerry, que está sonando. Pone los ojos en blanco y coge la llamada.
—Welch —exclama. Se pone tenso, escucha un par de segundos y después se levanta bruscamente—.
Veinticuatro horas, siete días… Gracias —dice con los dientes apretados y cuelga. Su humor cambia
instantáneamente. El provocativo marido con ganas de flirtear se convierte en el frío y calculador amo del
universo. Entorna los ojos un momento y después esboza una sonrisa gélida. Un escalofrío me recorre la
espalda. Coge otra vez la BlackBerry y escoge un número de marcación rápida.
—¿Ros, cuántas acciones tenemos de Maderas Lincoln? —Se arrodilla.
Se me eriza el vello. Oh, no, ¿de qué va esto?
—Consolida las acciones dentro de Grey Enterprises Holdings, Inc. y después despide a toda la junta…
Excepto al presidente… Me importa una mierda… Lo entiendo, pero hazlo… Gracias… Mantenme
informado. —Cuelga y me mira impasible durante un instante.
¡Madre mía! Christian está furioso.
—¿Qué ha pasado?
—Linc —murmura.
—¿Linc? ¿El ex de Elena?
—El mismo. Fue él quien pagó la fianza de Hyde.
Miro a Christian con la boca abierta, horrorizada. Su boca forma una dura línea.
—Bueno… pues ahora va a parecer un imbécil —murmuro consternada—. Porque Hyde cometió otro
delito mientras estaba bajo fianza.
Christian entorna los ojos y sonríe.
—Cierto, señora Grey.
—¿Qué acabas de hacer? —Me pongo de rodillas sin dejar de mirarle.
—Le acabo de joder.
¡Oh!
—Mmm… eso me parece un poco impulsivo —susurro.
—Soy un hombre de impulsos.
—Soy consciente de ello.
Cierra un poco los ojos y aprieta los labios.
—He tenido este plan guardado en la manga durante un tiempo —dice secamente.
Frunzo el ceño.
—¿Ah, sí?
Hace una pausa en la que parece estar sopesando algo en la mente y después inspira hondo.
—Hace varios años, cuando yo tenía veintiuno, Linc le dio una paliza a su mujer que la dejó hecha un
desastre. Le rompió la mandíbula, el brazo izquierdo y cuatro costillas porque se estaba acostando conmigo.
—Se le endurecen los ojos—. Y ahora me entero de que le ha pagado la fianza a un hombre que ha intentado