Literatura BDSM Cincuenta sombras liberadas | Page 342
¡El Dodge!
—Puede que necesite más de tres minutos. —Vuelvo a sentir el corazón en la garganta.
—Eres una zorra cazafortunas muy lista, Grey. Ya se te ocurrirá algo. Y tira el teléfono antes de entrar en
el coche. ¿Entendido, puta?
—Sí.
—¡Dilo! —me grita.
—Entendido.
Cuelga.
¡Mierda! Abro la puerta y me encuentro a Whelan esperando pacientemente fuera.
—Señor Whelan, creo que voy a necesitar ayuda para llevar las bolsas al coche. He aparcado fuera, en la
parte de atrás del banco. ¿Tiene una salida por detrás?
Frunce el ceño.
—Sí. Para el personal.
—¿Podemos salir por ahí? Por la puerta principal no voy a poder evitar llamar demasiado la atención.
—Como quiera, señora Grey. Tengo a dos personas con sus bolsas y dos guardias de seguridad para
supervisarlo todo. Si es tan amable de seguirme…
—Tengo que pedirle otro favor.
—Lo que necesite, señora Grey.
Dos minutos más tarde mi séquito y yo salimos a la calle y nos dirigimos al Dodge. Las ventanillas tienen los
cristales tintados y no puedo distinguir quién conduce. Pero cuando nos acercamos, la puerta del conductor se
abre y una mujer vestida de negro con una gorra también negra muy calada sale ágilmente del vehículo. ¡Es
Elizabeth, de mi oficina! Pero ¿qué demonios…? Rodea el todoterreno y abre el maletero. Los dos miembros
del personal del banco que llevan el dinero meten las pesadas bolsas en la parte de atrás.
—Señora Grey. —Elizabeth tiene la desvergüenza de sonreírme como si estuviéramos confraternizando
amistosamente.
—Elizabeth. —Mi saludo es gélido—. Me alegro de verte fuera de la oficina.
El señor Whelan carraspea.
—Bueno, ha sido una tarde muy interesante, señora Grey —dice.
Me veo obligada a realizar los gestos sociales propios de la situación: le estrecho la mano y le doy las
gracias mientras mi mente funciona a mil por hora. ¿Elizabeth? ¿Por qué está ella involucrada con Jack?
Whelan y su séquito vuelven al banco y me dejan sola con la jefa de personal de SIP, que es cómplice de
secuestro, extorsión y seguramente algún otro delito. ¿Por qué?
Elizabeth abre la puerta del acompañante de la parte de atrás y me indica que entre.
—Su teléfono, señora Grey —me pide mientras me mira con cautela. Se lo doy y ella lo tira a un cubo de
basura cercano—. Eso hará que los perros pierdan el rastro —d