Literatura BDSM Cincuenta sombras liberadas | Page 340

—Llévatelo todo, Anastasia. —Christian… —Estoy a punto de ceder, de contárselo todo: lo de Jack, lo de Mia, el rescate… ¡Confía en mí, por favor!, le suplico en mi mente. —Siempre te querré —dice con voz ronca. Y cuelga. —¡Christian! No… Yo también te quiero. —Y todas las estupideces que nos hemos estado echando en cara el uno al otro durante los últimos días dejan de tener importancia. Le prometí que nunca le dejaría… Pero no te voy a dejar; voy a salvar a tu hermana. Me hundo en la silla, sollozando copiosamente mientras me cubro la cara con las manos. Me interrumpe un golpe tímido en la puerta. Whelan entra aunque no le he dado permiso. Mira a cualquier parte menos a mí. Está avergonzado. ¡Le has llamado, desgraciado!, pienso mirándole fijamente. —Su marido está de acuerdo en liquidar cinco millones de dólares de sus activos, señora Grey. Es una situación muy irregular, pero como es uno de nuestros principales clientes… y ha insistido… mucho. —Se detiene y se sonroja. Después me mira con el ceño fruncido y no sé si es porque Christian está siendo muy irregular o porque Whelan no sabe cómo tratar con una mujer que está llorando en su despacho—. ¿Está usted bien? —¿Le parece que estoy bien? —exclamo. —Lo siento, señora. ¿Quiere un poco de agua? Asiento, resentida. Acabo de dejar a mi marido. Bueno, Christian cree que le he dejado. Mi subconsciente frunce los labios: «Será porque tú le has dicho eso». —Pediré a mi colega que le traiga un vaso mientras yo preparo el dinero. Si no le importa firmar aquí, señora… Y haga un cheque para cobrarlo y firme aquí también. Me pasa un formulario sobre la mesa. Firmo sobre la línea de puntos del cheque y después en el formulario. Anastasia Grey. Caen lágrimas sobre el escritorio y por poco no aterrizan sobre los papeles. —Muy bien, señora. Nos llevará una media hora preparar el dinero. Miro nerviosamente el reloj. Jack ha dicho dos horas; con esa media hora ya se habrán cumplido. Asiento en dirección a Whelan y él sale del despacho, dejándome con mi sufrimiento. Un rato después (minutos, horas… no sé), la señorita Sonrisa Falsa vuelve a entrar con una jarra de agua y un vaso. —Señora Grey —dice en voz baja mientras pone el vaso sobre la mesa y lo llena. —Gracias. Cojo el vaso y bebo agradecida. Ella sale y me deja con mis pensamientos asustados y hechos un lío. Ya arreglaré las cosas co