Literatura BDSM Cincuenta sombras liberadas | Seite 295

—Hablaré con la doctora Sluder para que me dé su opinión. —¿Echas de menos nuestra casa? —Sí. —Está bien. —No has dejado de sonreír —me dice Christian cuando aparco delante del Heathman. —Estoy muy aliviada. Y feliz. Christian sonríe. —Bien. La luz está desapareciendo y me estremezco cuando salgo a la fresca noche. Le doy mi llave al aparcacoches, que está mirando mi coche con admiración. No le culpo… Christian me rodea con el brazo. —¿Quieres que lo celebremos? —me pregunta cuando entramos en el vestíbulo. —¿Celebrar qué? —Lo de tu padre. Suelto una risita. —Oh, eso. —Echaba de menos ese sonido. —Christian me da un beso en el pelo. —¿No podemos mejor comer en la habitación? Ya sabes, una noche tranquila sin salir. —Claro, vamos. —Me coge la mano y me lleva a los ascensores. —Estaba deliciosa —digo satisfecha mientras aparto mi plato, llena por primera vez en mucho tiempo—. Aquí hacen una tarta tatin buenísima. Me acabo de bañar y solo llevo la camiseta de Christian y las bragas. De fondo suena la música del iPod de Christian, que está puesto en modo aleatorio; Dido está cantando algo sobre banderas blancas. Christian me mira con curiosidad. Tiene el pelo todavía húmedo por el baño y lleva una camiseta negra y los vaqueros. —Es la vez que más te he visto comer en todo el tiempo que llevamos aquí —me dice. —Tenía hambre. Se arrellana en la silla con una sonrisa de satisfacción y le da un sorbo al vino blanco. —¿Qué quieres hacer ahora? —pregunta con voz suave. —¿Qué quieres hacer tú? Arquea una ceja, divertido. —Lo que quiero hacer siempre. —¿Y eso es…? —Señora Grey, deje las evasivas. Le cojo la mano por encima de la mesa, la giro y le acaricio la palma con el dedo índice. —Quiero que me toques con este —