Literatura BDSM Cincuenta sombras liberadas | Seite 289
madera.
—¡Sorpresa!
Oh, Dios mío. Kate y Elliot, Mia y Ethan, Carrick y Grace, el señor Rodríguez y José y mi madre y Bob,
todos levantando sus copas. Me quedo de pie mirándoles con la boca abierta y sin habla. ¿Cómo? ¿Cuándo?
Me giro hacia Christian asombrada y él me aprieta la mano. Mi madre se acerca y me abraza. ¡Oh, mamá!
—Cielo, estás preciosa. Feliz cumpleaños.
—¡Mamá! —lloriqueo abrazándola. Oh, mamá… Las lágrimas ruedan por mis mejillas a pesar de que
estoy en público y entierro mi cara en su cuello.
—Cielo, no llores. Ray se pondrá bien. Es un hombre fuerte. No llores. No el día de tu cumpleaños. —Se
le quiebra la voz, pero mantiene la compostura. Me coge la cara con las manos y me enjuga las lágrimas con
los pulgares.
—Creía que se te había olvidado.
—¡Oh, Ana! ¿Cómo se me iba a olvidar? Diecisiete horas de parto es algo que no se olvida fácilmente.
Suelto una risita entre las lágrimas y ella sonríe.
—Sécate los ojos, cariño. Hay mucha gente aquí para compartir contigo tu día especial.
Sorbo por la nariz y no quiero mirar a los demás, avergonzada y encantada de que todo el mundo haya
hecho el esfuerzo de venir aquí a verme.
—¿Cómo has venido? ¿Cuándo has llegado?
—Tu marido me mandó su avión, cielo —dice sonriendo, impresionada.
Yo me río.
—Gracias por venir, mamá. —Me limpia la nariz con un pañuelo de papel como solo una madre podría
hacer—. ¡Mamá! —la riño e intento recuperar la compostura.
—Eso está mejor. Feliz cumpleaños, hija. —Se aparta a un lado y todos los demás hacen una cola para
abrazarme y desearme feliz cumpleaños.
—Está mejorando, Ana. La doctora Sluder es una de las mejores del país. Feliz cumpleaños, ángel —me
dice Grace y me abraza.
—Puedes llorar todo lo que quieras, Ana. Es tu fiesta. —José también me abraza.
—Feliz cumpleaños, niña querida. —Carrick me sonríe y me coge la cara.
—¿Qué pasa, chica? Tu padre se va a recuperar. —Elliot me rodea con sus brazos—. Feliz cumpleaños.
—Ya basta. —Christian me coge la mano y me aparta del abrazo de Elliot—. Ya vale de toquetear a mi
mujer. Toquetea a tu prometida.
Elliot le sonríe maliciosamente y le guiña un ojo a Kate.
Un camarero que no he visto antes nos ofrece a Christian y a mí unas copas con champán rosa.
Christian carraspea para aclararse la garganta.
—Este sería un día perfecto si Ray se hallara aquí con nosotros, pero no está lejos. Se está recuperando
bien y estoy seguro de que querría que disfrutaras de tu día, Ana. Gracias a todos vosotros por venir a
compartir el cumpleaños de mi preciosa mujer, el primero de los muchos que vendrán. Feliz cumpleaños, mi
amor. —Christian levanta la copa en mi dirección entre un coro de «feliz cumpleaños» y tengo que
esforzarme por mantener a raya las lágrimas.